La poesía de Eleanor Sarasohn pone en escena la perturbadora precariedad de la vida. En “Una Historia Menor sobre Caídas desde Grandes Alturas”, la primera caída de Humpty-Dumpty ya no es suficiente; tiene que seguir cayendo una y otra vez. En el poema “Como Advertencia de Todo, a la manera de T.S.E.”, la “eterna sibila” de Eliot, arrancada del epígrafe de “La Tierra Baldía” pronostica aquello que finalmente será nuestro destino: todos terminaremos “rotos… por la huella de un enorme pulgar.” El peligro abunda en los poemas de Sarasohn –pero pocas veces unas advertencias tan funestas han sido tan creativas y tan divertidas de leer. —Mary Jo Bang
3 POEMAS DE ELEANOR SARASOHN
Como Advertencia de Todo
a la manera de T.S.E.
La eterna Sibila de nuestros ojos
vive del otro de lado del callejón, inclinada
en ventanas para nada reales.
Apariencias, apariciones. Dice: “Me siento
como si hubiera estado muerta mucho tiempo.”
Y lo que todos nosotros
perdimos, concentrado en el limbo,
es el mundo en un puño.
“Esos problemas parecen inoportunos
pero en verdad no existen.” Y mientras ella cantaba
el mundo comenzó a derrumbarse.
Miro la oscuridad, fijamente.
Finalmente nos resignamos
a los andrajos. Marionetas que dejan
sus tumbas para moverse
a través de un callejón sin salida, nos detienen
junto a paredes rotas. Estamos parados frente a las entradas.
Con los cerebros rotos.
Entre una ligera y húmeda brisa muerta,
ella repite su breve fórmula.
Y la paz es tan grande que me aterra.
No hay nada más
después de la insolencia de la comida, estremecida según
pautas normales. Los escalofríos van desde el hombro
hasta el suelo. Materia “viajando por su cuenta,”
vacante inconsecuente. Lloramos,
parloteamos, como si estos asuntos importaran-
A qué le tenés miedo? Gemidos
por los golpes en sus cabezas?
No mires, ni adentro ni afuera.
Estamos todos rotos, quizás únicamente por lo más destacado,
quizás únicamente por la huella
de un enorme pulgar.
Qué pasó
Adentro la casa es un potaje rancio con la puerta cerrada.
No para proteger cosas valiosas de los vándalos, sino para fingir
que aun existen otros, incluso los que están obligados a saquear.
La basura se junta pero es lo único que tiende a unirse.
No se han perdido vidas, contrariamente a los índices naturales.
Una salamandra manchada se encoge en un rincón del baño.
Donde el espejo transpone un espiral, un remolino
de círculos concéntricos emanando desde el interior de un ojo de buey.
Una cara crece, indistinguible, desde el tronco de un árbol cortado.
Tal vez haya todavía algún saqueador con el impulso de invadir
la soledad. El hombre sigue siendo un amateur con dolor de cabeza;
su remedio supone focalización y presión. Durante el proceso de volverse
estúpido, el hombre debería evaluar lo poco que sucede después
de una preparación considerable, anticipación tatuada en la
sien derecha, (el párpado izquierdo cayendo
dormido). Ninguna detención repentina indica el fin o al menos el comienzo
del fin. Ninguna derrape cavado en el suelo
como un signo de igual introduce la perspectiva del error.
La salamandra manchada en el baño
ha desaparecido. Este no es un clima hospitalario.
Una Historia Menor sobre Caídas desde Grandes Alturas
Él consiguió endurecer a Humpty-Dumpty;
le perfeccionó la caída –máximo impacto
mediante la práctica ad nauseam. El reventar
y chapotear de un caparazón desparramado. Una delicadeza de rebote.
El éxtasis del suspiro público siempre capaz
de exprimir a fondo el espectáculo,
los pasos apurados y guardas
apretándose, pedacitos rotos bajo los pies.
Se declara un pesar más allá de cualquier reconfiguración.
Unas rodajas de palmadas y algunas lágrimas crueles
goteando, la gravedad ejerciendo aun
su invencible directriz descendente.
Con sus tarjetas, el cirujano proclama el exacto
momento del deceso. Enseguida, sucede un milagro.
Dumpty se recompone, auto-resurrección
metódica. Está sentado sobre la pared,
sin que nadie se haya dado cuenta. Recuperado, listo
para un nuevo salto mortal.
Todo perdido, y ese polvo inquietante, arrojado
violentamente contra el horizonte. Todo en una falsa persecución.

Su blog resulta motivador, me complace leer a los poetas que publica. Verá, yo publiqué un texto el año pasado y quisiera que usted lo lea si no es mucha molestia. Para mí sería algo así como una buena señal que "Poetas perdidos en 1985" llegue a sus manos, a sus ojos. Mi intención es hacerle llegar una copia física de este breve libro desde Arequipa, Perú. Si le parece bien, espero que me pueda escribir a filosolista@hotmail.com
ResponderSuprimirGracias por su respuesta, de antemano.
Augusto Carrasco
Muchas gracias, Augusto. Ahí le escribo.
ResponderSuprimira.-
Aníbal, me encanta la idea de esta sección, que un poeta recomiende a otro, o al menos un único poema que le guste de otro autor... ¿No podría revitalizarse un poco este planteamiento? Me parece muy interesante, tanto por conocer el criterio del poeta "recomendador", como por conocer nuevos "recomendados"... Vaya, que me parece que esta sección tiene gran potencial.
ResponderSuprimirMaría
Gracias, María... a mí también me gusta bastante; lamentablemente no ha habido mucha suerte a la hora de ponerla en práctica... y sí, ojalá la pueda revitalizar un poco (lo que bien pensado no deja de ser una acción propia de un antólogo capilar, no? ;-)) Tengo que confesar que en algún rincón de mi biblioteca hay un par de libros de autoras sugeridas por Mr. Gudding. O sea que sí, que como siempre, tiene usté razón. ;-)
ResponderSuprimir;-)))! Sí, la antología capilar... ahh, se me había olvidado... enterrada y desplazada por el palimpsesto de la cronología bloguera ;-)!!!
ResponderSuprimirMaría