domingo, 14 de agosto de 2011

ENTREVISTA : ANDI NACHON / MICROPOLÍTICAS DE LA RESISTENCIA



AC: Cómo empezaste a escribir poesía?

AN: más que cómo empecé a escribir, creo que lo fundamental para mí fue lo que implicó empezar a leer cuando era muy chica. en las novelas de la colección robin hood o de billiken encontré el terreno de la posibilidad.  creo que en ese sentido, esa región donde todo es posible que se habilita de niño cuando lees aventuras es algo que nunca dejó de acompañarme. una rara combinación entre zona liberadora y a la vez refugio. de ahí a escribir, unos pasos. primero narrativa, a partir de los quince poesía. igual a partir de allí hubo un cambio, otro tipo de acercamiento a la lectura y, por lo tanto, otra forma de escribir. eso hizo que a los dieciocho ya hubiera terminado siam, mi primer libro.

AC: An, creo que una gran parte de tus textos establecen un diálogo con una segunda persona que podría intuirse como vos misma. Creés que en alguna medida los poemas funcionen como un modo de ponerte el mundo por escrito a vos misma para comprenderlo o verlo desde ese ángulo del poema?

AN: creo que si bien en algunos casos puede detectarse ese desdoblamiento -un doppelganger solo posible de instalar en el poema- en general esa segunda persona presente en el poema es una segunda persona que abre la  opción del diálogo en el poema: casi te diría un "vos" al que el poema está destinado y con al que intenta hablarle o, mejor, alcanzarlo. no puedo imaginarme la escritura sin esa instancia. casi una llegada, diría. que excede el poema y lo lleva a otro sitio. en la lectura se abre para mí esa dimensión, esa implicancia donde el tú de los poemas de pronto está ahí metido, es receptor de ese fragmento de conversación: casi te diría un fuera de cuadro que lo implica directamente con el universo que ese poema en particular -y el libro al que pertenece- proponen. como si  eso cuchicheado y entrevisto en el poema, al ser dicho entre un "yo" y un "vos" instalara la potencialidad de un chispazo: una experiencia que sucede solo en el momento de ese diálogo. algo así, intuyo o impulsa a veces los poemas. esa conexión potencial que haría de cada poema un pedacito de algo, en medio de esa relación móvil donde el "yo" y el "vos" dependen íntimamente de los ojos que están reanimando el poema a partir de la lectura. 
no sé, creo que va por ahí. si sé que salvo en III guerra donde el yo y el vos tienen para mí caras bastante más esbozadas, en los demás ese impulso hace a una experiencia que va mutando para mí en el tiempo de la lectura.

AC: Sin embargo, en muchos poemas el placer de la escritura parece estar dialogando directamente con pequeños elementos biográficos cuyo referente, tal vez no conocido para la/el lector/a, no necesariamente es explicitado. Mínimas situaciones, personajes, que cruzan la escena del poema como una fotografía íntima pero cuyo efecto puede ser ambigüo: sentir que estamos siendo invitados a ver algo muy personal - o sentir que se nos habla de una mitología privada, que no conseguimos decodificar. ¿Cómo pensás ese tema, dónde te gustaría situar a tu lector/a?

AN: a ver: esta es como una pregunta complicada. y creo que la voy a responder lateralmente. me interesa en particular que el poema como mecanismo vaya a la búsqueda de dos destellos. el primero son ciertas vivencias en que se resuena con un afuera que nos supera, cierto irse de sí que por momentos experimentamos y que es algo sumamente cotidiano, no sé, las formas en que de pronto la luz cruza la calle y vas en ella, o la manera en que escuchás en un bondi la frase "esa es la causa", o el gesto con que alguien abre las sábanas de la cama. el segundo es un extrañamiento directamente ligado a esas mismas experiencias cotidianas, a una imposibilidad de decodificación que vos señalás en los poemas, momentos de absoluta cercanía o intimidad que a la vez difícilmente conformen ante la mirada un mapa completo: imponen su distancia o su extrañeza. como pedacitos que a veces se unen y hacen sentido y a veces simplemente quedan ahí, suspendidos. y el poema para mí permite esa simultaneidad y ese extrañamiento donde, si bien hay una zona de representación capaz de generar sentidos, ese sentido no sucede racionalmente o unívocamente. y muchas veces el motor de la escritura que un principio era alguna imagen o alguna frase cortada, de pronto en el territorio de ese poema o en la serie con otros da cuenta de un decir o de una urgencia que evidencia sus sentidos.

en cuanto a la mitología personal, no sé si necesariamente el yo que escribe es el yo andi. o en todo caso supongo que transcurrirá como un yo movible que va variando o reinventándose según momentos y poemas.

igual, básicamente, qué experiencia no es en el fondo una foto que no logramos decodificar. y a la vez, no son todos intentos y maneras de decodificar esas experiencias que nos constituyen? quiero decir, el poema como mecanismo de posibilidad no es un campo de prueba para inventar e invertarse posibles decodificaciones, mucho más que para decirse? en verdad me lo estoy preguntando mientras te escribo, no tengo una respuesta. tampoco tengo muy claro qué sería una mitología privada, sí entiendo por ahí un kit de cuestiones donde una puede reconocerse, casi como materiales concretos que entre lo innumerable conforman la galaxia propia. 

AC: Tus poemas tienen una dicción y un lenguaje bastante propio, un estilo o modo de decir. Pero también creo que una marca personal puede tener que ver con la tensión que se juega entre el contexto político y económico en el que están inmerso los sujetos de tus "narraciones" y sus modos privados de resistir a través del baile, de los amigos, de la ternura hacia los animales, de la celebración de los pequeños ritos personales. Esto me parece interesante, además, en vistas de una cierta dicotomía planteada en la poesía argentina de los '90s entre una escritura más politizada, marcada por un cierto objetivismo sucio, por así decirle, y otra más marcada por la subjetividad y lo festivo, pero que por momentos podría parecer casi deliberadamente alienada. ¿Sentís que tus poemas han sido capaces de hacerse cargo de ese contexto de empobrecimiento y desolación que tuvo lugar a partir de los '90s en Argentina sin perder de vista el universo personal de cada uno, y sus posibilidades de resistencia cotidiana - generando una especie de híbrido entre las dos líneas que mencionaba?

AN: Uy, que es complicado el asunto. Primero, porque estoy convencida:  toda producción discursiva tiene una injerencia política, incluso si sólo se escriben haikus sobre la luna reflejada en la manchas de una rana toro. En eso siempre me acuerdo de Gabriel Orozco cuando afirma que todo arte es político: habla para algunos, deja a otros afuera, habla de algunos, silencia o ignora a otros.

En lo personal, me parece que en mi escritura el afuera siempre ha estado presente: un afuera que signa al yo y a los otros que cruzan los poemas. Y que marca las cuestiones y maneras en que percibimos y los límites que se instalan sobre nuestras experiencias. Lo que sucede como respuesta -esas micropolíticas de la resistencia que vos mencionas- son estrategias que no puedo dejar de ver como formas de pararse ante el poder. Ahora, obviamente, son diferentes de una visión macro y también distan del tono festivo que ignora el límite. Pero esa dicotomía algo forzada en sí nunca me interesó demasiado.

De la escritura de los noventa, me importa más cierta materialidad  que hace posible la extensión del espacio de representación y nuevas intromisiones en los poemas. Esa apertura y esa diversidad del "todo es posible" que se instalaron a partir de las poéticas de los noventa y, que en las voces más potentes para mí, logra dar cuenta de una variedad de estilos que difícilmente puedan ser acomodados a las etiquetas de poesía comprometida con cierta marginación o poesía frívola.

Igual, la idea de lo que escribo en tanto un híbrido que se hace cargo de las dos tensiones, es tentadora. Sobre todo por lo de híbrido. No podría decir que eso fue planeado. Sí me animo a pensar que ciertos sucesos del afuera para mí son importantes o potentes y por eso entran en los poemas. Lo otro -perros, ritos, bailes, trabajos o traslados- hace a los días, no? Y se mete en la escritura como materia de esos días o alcances de la construcción de pequeños circuitos por los que nos trasladamos. Quiero decir: reconozco en eso que señalás mis poemas, pero no podría imaginarlos sin uno de los dos componentes. Lo íntimo como una forma de resistencia ante determinada presión de la violencia del sistema y, a la vez, como un sitio desde el cual se alza bandera. Supongo que eso tiene que ver con mi entendimiento de ciertas políticas libertarias y con cierta voluntad de que esa posibilidad sea para todos.

(sabés? me quedé pensando en la otra pregunta y hoy me agarró la lluvia cuando venía a dar clases. y se me ocurrió que por ahí en cierta medida soy una perpleja ante el afuera y ante las posibilidades de alcanzar o llegar a cualquier otro, o que otro llegue a una, y de ahí esta cuestión de mirada sobre ciertas micropolíticas. como si de no ser posible el acuerdo en esas zonas pequeñas fuera directamente impensable en lo macro.

luego de dar clase, pensé que lo pequeño está inmediatamente marcado por lo grande y que difícil es el acuerdo si no dormís no comés bien y trabajás en algo que no te gusta diez horas por día. y, sin embargo, en el otro resquicio sigo creyendo que hay alguna posibilidad de algo.

en fin, por seguir pensando nomás.

saludos allí

an)



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