sábado, 23 de abril de 2011

ENTREVISTA: CHACAL / EL DESEO FRENTE AL ESPACIO VACÍO

AC: Cómo empezaste a escribir poesía?

CH: Desde que recuerdo, siempre me gustó leer y escribir. Redacciones en el colegio, diarios de campamentos, relatos de viajes lisérgicos. Pero escribir poesía fue algo que surgió a partir de la lectura de Oswald de Andrade en 1970. Sus poemas elípticos, humorísticos, cortos, me encantaron – y empecé a escribir de un modo muy parecido al de él. Mis dos primeros libros Mucho gusto, Ricardo y Precio del pasaje son influencia directa de Oswald.

AC: Cómo era ese escenario poético de los 70’s? Te pregunto esto porque pienso que alrededor de esos años –y de la vida y la muerte de poetas como Ana Cristina César, Leminski, Cacaso, etc- se viene construyendo el mito del poeta brasileño marginal y trágico. Cuál es tu visión de esos años, y qué cosas creés que el relato que viene construyéndose al respecto olvida de contar, si fuera el caso?

CH: Ese período, de los 70, fue realmente trágico. Pocas salidas hacia fuera del sistema represor. La muerte prematura, principalmente el suicidio, convierte a los poetas en mártires y nivela las biografías. En este caso, cada poeta tuvo su modo de pensar y escribir poesía. Pero todo lo que era poema discursivo, o tenía un tono coloquial, era poesía marginal. Y eso encubrió las grandes diferencias que existían en ese período. La crítica, poco rigurosa, o bien aceptaba en bloque o rechazaba en bloque. Me parece que falta estudiar caso por caso a los poetas de los 70 y olvidarse de esa historia de “poesía marginal”.

AC: En estos cuarenta años, cómo evaluarías el recorrido de tu poesía? Qué cosas creés que han cambiado en ella y cuáles continúan presentes?

CH: Mi poesía cambió muy poco en estos 40 años. Tal vez porque nunca haya seguido reglas preestablecidas. Creo que la poesía, así como la lengua, debe ser un vehículo para mi expresión. El poema nace con su forma. Por eso desde siempre mi poesía estuvo abierta a todos los vientos. Y continúa así hasta hoy.
Lo que trabajo con más frecuencia es el poema fuera del papel, ese estar presente delante del otro apenas con la voz y con algunos amagues del cuerpo. Lo encuentro un lugar más rico que el del papel. Aunque no se excluyan (hay cosas que funcionan mejor en el papel, esa partitura que se canta. La escritura es el símbolo del símbolo, un signo de segunda. Por principio, creo más en el cuerpo hablando).
Mi deseo es mayor frente al espacio vacío que frente a la hoja en blanco. Tal vez ese sea el motivo por el que estoy desde hace 21 años al frente del Centro de Experimentación Poética –cep 20.000, un encuentro multimediático mensual en Rio de Janeiro, donde comparto mis experiencias con artistas de diversas áreas.
Cosas que cambiaron en estos 40 años: mayor placer en trabajar un poema, en darle estructura, columna vertebral (en el papel o fuera de él). Cosas que se mantienen: levedad y humor. Sonoridad y ritmo.

AC: Una de las cosas que siempre admiré del Brasil es justamente ese diálogo que la poesía tiene con la cultura de masas (estoy pensando en tu trabajo como poeta y en el cep 20.000, o en Caetano cantando a Haroldo de Campos, o en Leminski, o en tantos otros letristas de la música popular brasileña que son también grandes poetas). Hace poco, vi que sugerías que la poesía debería ser enseñada desde la educación primaria. Creés que existe la posibilidad, en Brasil, de conseguir que la poesía sea incorporada como parte del patrimonio (o matrimonio) cultural de una gran mayoría de personas, que forme parte de la vida de las personas del modo en que, digamos, la música forma parte?

CH: La poesía y la música siempre anduvieron juntas. En Brasil, el nivel es muy alto. Para citar a algunos: Noel Rosa, Lupicínio Rodrigues, Cartola, Geraldo Pereira, Assis Valente, Ari Barroso, Caymmi, Vinícius, Luiz Gonzaga, Carlos Lira, Caetano, Gil, Torquato, Waly, Chico Buarque, Cazuza, Erasmo Carlos, Arnaldo Antunes, Adriana Calcanhoto y muchos otros.



La percepción poética de la mayoría de los brasileños es alta. Los poetas no quieren o no alcanzan ese patrón y se refugian en un círculo de iniciados. Eso es malo. Crea un desnivel de repertorio y divisiones sospechosas entre alta y baja cultura.

En las escuelas debería tratarse la función poética del lenguaje, cosas que fueran útiles para mejorar el nivel de entendimiento de un texto y la comunicación entre las personas. Pero la escuela, como toda institución, es conservadora y desfasada. Creo más en  iniciativas como cep 20.000 –donde las personas aprenden, haciendo y divirtiéndose- me parece que es un buen modelo.  


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