sábado, 25 de diciembre de 2010

ENTREVISTA : GABRIEL GUDDING / UNA POÉTICA DE LO REAL



AC: “Una Defensa de la Poesía” es un libro bastante irónico –y ciertamente no se parece a un típico primer libro de poesía en el que el autor está aún definiendo sus intereses y poéticas; sino que por el contrario, parece planteado como un producto cultural pensado para interferir un determinado status quo poético. Lo escribiste explícitamente con esa intención o dirías que mi percepción es el resultado de cómo “naturalmente” se formó ese libro al publicar tus textos como un conjunto?

GG: Sí, lo escribí realmente con esa intención, la de frustrar muchas ideas/nociones/expectativas habituales sobre la poesía. Pero esa intención fue algo natural en mí. Simplemente estaba cansado de ver las mismas fórmulas emocionales repitiéndose en un poema tras otro, especialmente cuando tanta poesía se sustenta y se protege mediante una retórica violenta. Así que tomé un viejo título que habla de la naturaleza violenta y contenciosa de la vida literaria (“Una Defensa de la Poesía”) y especialmente de la vida de la poesía, y le modifiqué la intención. El primer poema del libro es de hecho un insulto al lector de 1.500 palabras. Me pareció que lo primero era rechazar directamente al lector, desde el principio. Quería alejar al lector de la forma más persuasiva y agradable que pudiera. Y todo eso lo sentí como lo más natural del mundo. Mi esperanza era, en parte, criticar, satirizar, la naturaleza violenta de la retórica con que los poetas se enfrentan mutuamente y defienden sus propios trabajos, pero también satirizar nuestra propia, endémica, falta de amabilidad. O sea que gran parte del libro es una meditación sobre la violencia simbólica –y sobre la violencia abiertamente física y política también. Al escribir eso tenía la esperanza de hacer que esa fealdad, ese mal gusto, esa violencia, pudieran ser algo acogedor y persuasivo y encantador. Y de todos modos el intento fue muy divertido. Me alegra que vos también lo hayas disfrutado, Aníbal.

AC: Gabriel, según entiendo, en tu libro “Rhode Island Notebook” decidiste incluir elementos tradicionalmente dejados de lado en poesía, o presentados únicamente después de una estilización. Creés que la “existencia real” de esos elementos –como las señales de tránsito que copiaste- pueda ser un factor que condicione parte del valor poético del libro? Y yendo más lejos –pero en el mismo sentido, espero-: creés que la lectura de “Rhode Island Notebook” o parte de su valor dependa de la veracidad de las condiciones biográficas (los cuadernos de notas escritos en la ruta, tu divorcio, los viajes para ver a tu hija) que funcionan como marco del texto?

GG: “Sí” a cada una de las preguntas. Sí, es posible. Pero solamente porque el “valor poético” es un concepto escurridizo: la valoración es un proceso más sociológico que literario. Si yo estuviera tratando de demostrar algo con “Rhode Island…” acerca de las políticas y la psicología de la estética, sería exactamente eso: que nuestras mentes, nuestras culturas, pueden catectizar prácticamente todo y que de esa catexis nada de lo real está exceptuado. Lo que los artistas hacen (si es que somos artistas) es recordarnos que esa capacidad de asombro puede habitar –y habita- cada momento, cada realidad, y no simplemente aquello que ha sido seleccionado como estéticamente excepcional - y cuya excepcionalidad estética es, además, un supuesto requisito de la experiencia “artística”.

Pero otra respuesta posible para tu pregunta acerca de la existencia real y de lo biográfico (“Creés que la “existencia real” de esos elementos… pueda ser un factor que condicione parte del valor poético del libro?”) es: espero que sí. Las variantes modernistas, postmodernas y lamentablemente post-vanguardistas de la noción de que la poesía está exceptuada de lo real y toda la estela de problemas derivados de ahí (que lo real es una dimensión “menor” comparada con la imaginación, o que lo que una persona es –su biografía, política, ética, acciones— está subordinado a su arte, o es irrelevante en relación a éste) presentan una idea que, aunque ubicua y bien recibida entre artistas, es completamente falaz y, agregaría, abiertamente estúpida. En las historias literarias recientes tanto en Norteamérica como en Europa, estamos siendo repetidamente instados a pensar la poesía como algo ética y políticamente ineficiente (incluso la poesía “política”): ya sea Archibald MacLeish insistiendo con que “Un poema no debe hacer, sino ser”, o Alan Tate opinando que “la poesía encuentra su verdadero uso en su perfecta inutilidad”, ya que “no pretende nada fuera de sí misma”, o más recientemente, John Ashbery, insistiendo en The Nation con que la poesía no tiene que tener nada que ver con la política o con los problemas del mundo. O, el otro día, Kenneth Goldsmith asegurando que la excepcionalidad de la poesía reside en que “puede tomar una posición no-ética y probar qué significa eso sin tener que soportar las consecuencias de una investigación llevada a cabo en el mundo real.” 
La poesía, es, en una palabra, sagrada para esas personas. Gente así postula un excepcionalismo estético. Es la misma mentira vulgar y adolescente proferida por todos los explicadores de lo sagrado. Esta particular variante de la mentira dice que la imaginación/la poesía/el arte es un locus trascendente donde todo está bien, un sitio donde hay seguridad y orden en la suprema ficción o el experimento supremo: la poesía es un oasis y un poema es una especie de Monumento a Wallace Stevens al que uno hace visitas fugaces- y el lugar del poeta, en ese orden, es el de un ser especial. Para nada. En palabras de Audre Lorde, “La poesía no es un lujo”, sino la “luz bajo la cual inspeccionamos nuestras vidas.” Tenemos, creo yo, que mantener nuestro lenguaje y nuestras ideas arraigadas a lo material. Cualquier otra cosa es obscena. Un buen ejemplo de un libro que hace esto que estoy proponiendo es La Vaca de Ariana Reines, una mezcla de ensayos y poesía que dibuja un interrogante escalofriante sobre las conexiones entre las nociones de femineidad, ser humano y maternidad mamífera, y la fascinación de la cultura occidental por matar y comer vacas.

AC: Creo entender lo que decís acerca del excepcionalismo estético. Mi duda tiene más que ver con la idea de que lo que entiendo (probablemente por un error mío) como una oposición entre materialidad e imaginación en tu respuesta: no creés que la imaginación puede ser entendida también como uno de esos elementos “reales” de los que decís que la poesía se tiene que ocupar –en el sentido de que la imaginación es uno de los ejes más frecuentes que la gente usa para crear las representaciones de sí misma, de sus vidas, de su relación con el mundo –y sus esperanzas? Y no sería incluso la imaginación un elemento políticamente crucial (pensando ahora en “L’imagination au pouvoir”) cuya supresión de la práctica poética resultaría en una literatura absolutamente mimética –una repetición infinita de las formas existentes? Por cierto, hablando sobre este tema, uno de tus lectores me decía que “cuando lo real implica un registro de Nancy Reagan transformada en águila y dando vueltas en lo alto, Gudding prueba que la autobiografía –entendida como los “hechos reales”- es imposible”, ya que la ficcionalización (imaginación) resulta ineludible. Cómo ves el tema?

GG: Temo que más que responder tu pregunta estuve usándola para despotricar sobre un tema que la pregunta me trajo a la cabeza. Típico de mí. :)

Entiendo tu pregunta, y creo que apunta a algo muy importante. Lo que intentaba decir no era tanto que lo real y la ficción sean separables, ni que la imaginación no sea valiosa, sino que ha habido una tendencia, en poesía, como género, que implica que la imaginación debe ser tratada como una cualidad trascendente. Mi corazonada es que la imaginación no es realmente una cualidad verificable y conocible ni una capacidad mental discernible, sino simplemente el resultado perceptible de modos particulares de escribir, de examinar lo real. Un resultado perceptible al cual, por algún motivo, tendemos a valorizar. Prefiero resistirme a eso porque tengo la idea de que valorizar la imaginación lleva a una escritura estilizada. Una referencia obligada para mí sobre ese tema es la insistencia de Shklovsky acerca de que es precisamente la escritura que trabaja la extrañeza, y no la escritura mimética, la que nos ayuda a tocar lo real. Necesitamos continuamente renovar esa extrañeza en la escritura porque tendemos permanentemente a vivir, percibir, escribir y leer cada vez más en forma automática, rutinaria y estilizada. O sea que con “lo real” no me refiero tanto a un conjunto de fenómenos externos observables operando por medio de leyes y reglas conocidas, ni con “la imaginación” quiero aludir al vuelo de la fantasía, etc.

Mi idea no es que debamos renunciar a ciertos tipos de escritura cargados de imaginación en favor de un realismo descarnado, sino que podría sernos de ayuda prestar atención a lo que Pierre Bourdieu dice acerca de las funciones del arte: que tiende a “fetichizar” al artista, a la imaginación y a la técnica con el objetivo de estimular el mercado de bienes simbólicos. Esto es importante, nos dice Bourdieu, porque en esa lucha mercantil para obtener reconocimiento, los artistas tienden a la larga a vaciar su arte de todo contenido socialmente relevante, transformándolo en algo estilizado, ajeno, y menos relevante socialmente. En términos shkovskianos, el arte se convierte en algo menos efectivo, menos capaz de hacer que la piedra sea nuevamente pétrea.

Además, siempre pensé que Nancy Reagan se parecía a un águila en ruinas. De un modo muy real.









17 comentarios:

  1. Me ha parecido muy interesante la entrevista, especialmente la parte en la que se hace referencia a la reflexión sobre la imaginación y lo real.
    Aprovecho para desearte felices fiestas... o lo que sea...;-)

    María

    ResponderSuprimir
  2. Gracias, María. El otro día me acordé de vos cuando leía "Te perdí el rastro y volví a encontrarlo de vuelta, y a perderlo y a encontrarlo, una y otra vez: tenías el pelo más corto, luego más largo de nuevo, teñido de tal color...": la antología capilar no para de crecer (http://comounamoscadelargaszancas.blogspot.com/2010/12/destino.html)

    Qué bueno que te haya interesado la entrevista. Gudding ha tenido mucha paciencia y amabilidad conmigo. Por cierto, EZ ha mediado en la disputa sobre "elegant hand", has visto?

    Felices fiestas para vos también,
    a.-

    ResponderSuprimir
  3. Sí, tienes toda la razón: la antología capilar está conviertiéndose en algo abrumador, en una maraña de inter- y paratextualidad... ;-). Por cierto, hermoso fragmento piloso me citas, en el que el tiempo parece medirse en función de la longitud de las raíces de la dama...;-)). En fin, yo también busco tema para mi tesis...;-)).

    Buenísima esa intervención de arbitraje de EZ, qué grande que es!! Ese posteo ha quedado para enmarcarlo: buen texto, buena traducción y buenos contertulios... ;-).

    Sobre la entrevista... Ahora que vuelvo a pasar por aquí he vuelto a leerla e incluso le veo más miga que antes. Gudding alude a aspectos realmente esenciales, especialmente la última respuesta. La he releído ya varias veces y claro, sigo dándole vueltas.

    Has conseguido plantear buenas preguntas y sus respuestas son muy sugestivas, si bien habría sido fantástico que hubiese profundizado un poco más en algunas ideas. No he leído el libro y no conozco su propuesta, pero me habría gustado que se hubiera mojado un poco más, sobre todo de cara a posibles soluciones a algunos de los problemas que señala... en fin, next time!


    María

    ResponderSuprimir
  4. Temo que a estas alturas vos ya hayas leído la entrevista más veces que yo, pero mi impresión es que sus textos corporalizan su propuesta poética; es decir, que trabaja de un modo muy coherente: con temas y lenguajes no-estilizados ( y en esto es como si, diría yo, retomara el espíritu democrático de un Whitman, por ejemplo). Pero sí, puede ser que en una entrevista por e-mail, hecha por alguien que había leído sus libros fragmentariamente y hacía poco tiempo, no se haya llegado hasta el hueso - si alguna vez se puede llegar.
    Hay una entrevista con él, a lo mejor te interese, que yo leí antes de escribir mis preguntas, y que me gustó mucho:

    http://artrecess.blogspot.com/2009/02/gabriel-gudding-illinois-usa-and-adam.html

    Personalmente, creo que la poesía, como cualquier otra disciplina so called "artística" no podría aunque quisiera -que tampoco quiere, pero ese es otro tema- escaparle al fetiche. Pero esa es apenas la opinión personal del blogger. ;-)

    Para seguir pesquisando en la línea que él propone, ya le pedí a los Reyes Magos "The Cow": aparentemente la nieve les impidió que traérmelo - pero apenas lo tenga intentaré traducir algunos fragmentos, para aquell@s que tengan interés en conocerlo.

    Y dicho esto: está claro que ahora tendrás que contarnos sobre la búsqueda del tema de tu tesis ;-) Qué mejor sitio de debate?

    Saludos,
    a.-

    ResponderSuprimir
  5. Hmm, Aníbal, me dejas pensando...
    Mañana vuelvo y te digo algo coherente (bueno, lo intentaré al menos, que yo sólo soy una pobre infeliz de lectora ;-)
    Sólo lanzo unas preguntas al aire y te dejo una pista de cuáles son mis reservas: ¿Lenguajes no estilizados? Excuse me? ¿Qué es un lenguaje no estilizado? ¿qué implica la estilización y en qué consiste? ¿No se sirven incluso las parodias literarias de lenguajes (debidamente) estilizados (para tales fines)?

    Pregunta sobre pregunta...
    María

    ResponderSuprimir
  6. Lo de quedarse pensando no está mal; pero lo de pobre infeliz lectora... en fin, sólo espero que no sea este blog el causante de tu infelicidad ;-)

    La cuestión de los lenguajes más o menos estilizados no entra en mi área específica (que todavía no se sabe cuál es, por otra parte ;-)) pero creo que es una vieja controversia que se va actualizando con el paso del tiempo. Sería el cisne de Darío vs. aquello de "Tuércele el cuello al cisne" - donde se denuncia que esa estilización ha hecho que el lenguaje perdiera contacto con "lo real" -entre un sinfín de ejemplos, seguramente.

    El lenguaje no estilizado, por ejemplo, sería la transcripción, en "Rhode Island Notebook" de todas las señales de la carretera exactamente cómo están. (Por eso mi pregunta sobre si la inexactitud en la transcripción objetiva pondría en riesgo el valor del libro/del proyecto). El tema tiene que ver, me parece, con el exilio al que se ha sometido a la poesía en relación a las preocupaciones y asuntos cotidianos de quien escribe -cosa que, si interpreto bien a Gudding, sería una despolitización de la misma, una suerte de confinamiento al reino de lo imaginario, donde se convertiría en algo así como un pasatiempo autista sin vínculos con el contexto histórico y sin capacidad de interactuar en el sistema de fuerzas.

    Lo que me sigue pareciendo discutible al respecto es que, suponiendo que defendiéramos la idea de que la poesía no tiene ninguna utilidad, el mero hecho de que dedicáramos una porción de energías en nuestra vida a algo improductivo no fuera de todos modos un hecho profundamente político dentro del sistema capitalista vigente, donde los individuos son valorados según sus capacidades de producción y consumo, si es que estoy siendo claro.

    Por último, creo que la preocupacoón de Gudding y de much@s otr@s -y ahí es donde me siento más identificado- es tratar de establecer a cada momento qué es lo que una identidad (la poética, en este caso) excluye, qué es aquello que no se puede decir, o de qué modos no se debe pensar, escribir, etc. Es decir, desarmar el juego del "sentido común", que siempre suele ser meramente un modo de disimular intereses específicos: en este caso, la manutención de la figura del escritor/artista como un ser especial, encargado de seleccionar, para todos nosotros, los instantes y las palabras adecuadas. Ese status poético -frecuentemente asociado al romanticismo, simbolismo, modernismo- es lo que Gudding ( y much@s otr@s, como digo) denuncian como una estrategia de marketing para que un grupo siga arrogándose los derechos de producción y distribución -es decir, el monopolio- de la poesía.

    Qué rollo, no? Espero no haber contribuido a aumentar la infelicidad de lectora que declarabas ;-)

    Saludos,
    a.-

    ResponderSuprimir
  7. De rollo, nada! ;-)) Pero apuntas tantas cosas interesantes que he tenido que forzar la máquina de mi (escasa, por la edad ;-)) materia gris para poder explicarme a mí misma dónde radican mis objeciones a los planteamientos de Gudding. Por cierto, me he leído la entrevista que citas, es ciertamente interesante y junto con la que tú le haces y tus propias reflexiones, creo haber comprendido en qué consiste su propuesta. No obstante, repito que me falta el sustrato textual, conocer cómo se plasman en su obra literaria todas estas premisas teóricas.

    Como ya apuntaba en esas preguntas que te dejé ahí de regalito navideño, yo veo problemática la diferencia entre lenguaje estilizado y no estilizado. Entiendo la idea de introducir elementos de lo real (whatever that means, aquí también podríamos hablar largo y tendido) para "desestilizar" el lenguaje.

    Pero, que yo recuerde un texto, un poema, en cuanto se plasma sobre papel se convierte en un artefacto y deja de ser "lo real". Es, queramos o no, una estilización de lo real. Es decir, los elementos que, citando a Bajtin, Gudding considera fuera del discurso establecido, situados en sus márgenes o periferia, pasan a convertirse en "official speech".

    Lo grotesco, las señales de tráfico, etc. que estaban olvidadas y soslayadas por parte del discurso poético, entran en él y con ello se convierten en parte de esa estilización que Gudding denuncia. Su carácter efímero se convierte en permanente.

    De igual modo, decir que la poesía pierde su relación con lo real equivale, en mi opinión, a negar el papel creador de significado del receptor. Es precisamente el lector quien se encarga, con su lectura, y con la consiguiente actualización en términos de significado, de establecer una relación con la realidad, al menos yo lo veo así. Olvidamos que el significado que el poeta ha querido evocar con su texto es sólo una posible lectura; una vez puesto en circulación, el texto pertenece a cada lector por individual y sólo de su lectura podrá depender su significado. ¿Cómo hablar así de falta de contacto con la realidad?

    María

    ResponderSuprimir
  8. En definitiva, lo que vengo a decir es que no creo en la distinción "lenguaje estilizado"/ "lenguaje no estilizado". No creo que lo que Gudding propone pueda ser una ruptura de esta diferencia ni una renovación poética por cuanto que no creo que la diferencia entre ambos conceptos exista.
    Y repito que percibo que en todo este entramado teórico se concede demasiada importancia a lo que el poeta pueda hacer (que si selecciona para nosotros, que si impone un lenguaje...) frente a lo que un lector activo puede construir con un poema. Sería pertinente, pienso yo, conceder más atención a la figura del receptor para que realmente se pueda hablar de una relación realmente democrática en el sistema teórico propuesto. No se trata de lo que el poeta nos dé, sino de que se valore lo que los lectores hacemos con ese material.

    Y es que sólo así es posible evitar que ningún grupo se haga con el control o monopolio de la poesía. ¿Cómo puede el autor establecer un monopolio sobre la mente del lector?

    María

    ResponderSuprimir
  9. Bueno, me alegra que entre Gudding y este blog estemos haciendo más llevaderas tus fiestas ;-) Ciertamente hay muchas preguntas, ningún sistema lógico es perfecto. Una pena que Gabriel mismo no intervenga para responderte ;-)

    Coincido en que la estetización es inevitable y que el texto al cual se le añade un status poético se convierte en un artefacto: quedaría por definir, de todos modos, si no tiene razón GG (yo diría que sí) en considerar deseable ampliar los límites de aquello que puede caer dentro de la órbita de lo "poetizable"...

    Pienso que de todos modos pueden confluir dos elementos: por una parte, la intención de desmantelar ese feudo, cuestionar el porqué determinados temas/modos de construir/palabras parecen "a priori" más poéticos - y en eso sí creo que tiene razón Gudding- y, por otra, cierta incomodidad que el escritor tiene al plantearse de qué modo puede/debe actuar sobre lo "real". Pensaba por ejemplo en este poema de César Vallejo:

    Un hombre pasa con un pan al hombro

    Un hombre pasa con un pan al hombro
    ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

    Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
    ¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

    Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
    ¿Hablar luego de Sócrates al médico?

    Un cojo pasa dando el brazo a un niño
    ¿Voy, después, a leer a André Bretón?

    Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
    ¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

    Otro busca en el fango huesos, cáscaras
    ¿Cómo escribir, después del infinito?

    Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
    ¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

    Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
    ¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

    Un banquero falsea su balance
    ¿Con qué cara llorar en el teatro?

    Un paria duerme con el pie a la espalda
    ¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

    Alguien va en un entierro sollozando
    ¿Cómo luego ingresar a la Academia?

    Alguien limpia un fusil en su cocina
    ¿Con qué valor hablar del más allá?

    Alguien pasa contando con sus dedos
    ¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?



    donde sin embargo, todas esas cosas de las que "no valdría la pena hablar" están tan presentes como las otras, las indicadoras de la emergencia. Creo que parte de esa esquizofrenia creadora nos contamina siempre - al punto de convertirse en materia prima de creación.

    Creo que puesto en los términos en que lo planteas, el "official speech" implosionaría automáticamente al dejar de delimitarse como recorte (por ende, como exclusión, con lo que esto supone en términos de un aparato de represión necesario para la manutención de es recorte)- o, dicho de otro modo, un official speech no puede, por naturaleza, incluirlo todo: cuando lleguemos a poder practicar esa inclusión total -si esto sucediera alguna vez, cosa que dudo- estaríamos automáticamente dinamitando ese discurso oficial, sus métodos de legitimación, su aparato represor, su poder sobre los discursos no oficiales, etc...

    Pero no me hagas mucho caso; pensá que en este momento mi teclado está situado, litearalmente, en el punto acústico central de una discusión que dos personas, situadas equidistantemente de mi oído derecho e izquierdo, están manteniendo.

    Y seguro que esa realidad también se ha filtrado en mi texto ;-)

    a.-

    ResponderSuprimir
  10. ¿Son dos personas reales o hablamos de alguna estilización? ;-)))

    María

    ResponderSuprimir
  11. "Creo que puesto en los términos en que lo planteas, el "official speech" implosionaría automáticamente al dejar de delimitarse como recorte (por ende, como exclusión, con lo que esto supone en términos de un aparato de represión necesario para la manutención de es recorte)- o, dicho de otro modo, un official speech no puede, por naturaleza, incluirlo todo: cuando lleguemos a poder practicar esa inclusión total -si esto sucediera alguna vez, cosa que dudo- estaríamos automáticamente dinamitando ese discurso oficial, sus métodos de legitimación, su aparato represor, su poder sobre los discursos no oficiales, etc"

    ¿Y no sería eso lo que Gudding propone en última instancia?

    María

    ResponderSuprimir
  12. Perdón por la insistencia: creo que ahora sí voy a discordar respecto a la cuestión del lector. No porque no me parezca relevante, sino porque simplemente creo que en este caso se está debatiendo otro asunto, que tiene que ver con la una práctica -la poética- que tiene un modo de establecerse, de "reglarse", de valorizarse, etc. No es tanto que los lectores sean o no luego capaces de recrear aquello que llega a sus manos (ojos), sino de qué modo ese colectivo se posiciona frente a su tarea, de qué modo debate cómo se estructura el poder y se regulan las tendecias estéticas en la poesía. Muy a grandes rasgos -porque la situación al voltantde mis oídos no mejoró- pero si me permite, esa sería mi discordancia ;-)

    Pero quizás antes debería decir otra cosa: gracias por todos estos aportes y por tus reflexiones, que enriquecen tanto este espacio.

    a.-

    ResponderSuprimir
  13. Sí, creo que es eso lo que Gudding propone -o lo que yo imaginé que se deriva de su propuesta- y me parece inviable y perfecto: que el official speech de la poesía (por empezar por algún lado!) implosione, y se lleve todo su aparato de poder y convalidación. Sí. Estarái bien.

    ResponderSuprimir
  14. Me ha encantado que cites ese poema de Vallejo, muy pertinente aquí. Y sí, comprendo bien lo que dices, pero sigo observando que sólo habláis del "creador", del autor, del poeta... que define de lo que se puede hablar y de lo que no, que elige para nosotros ¿Es eso realmente así? ¿No hay aquí un exceso del "fetiche" del autor? ¿No se perpertúa de este modo la idea del autor como instancia superior y demiúrgica?

    Sí, me doy cuenta de que el papel del lector no es lo que se debate aquí. Pero es precisamente esa ausencia de su figura en este andamiaje teórico lo que me rechina.

    Puede ser que esté mezclando aquí churras con merinas, pero no puedo evitarlo.

    No nos engañemos, la valorización, la reglamentación de la práctica poética sí tiene que ver con la recepción del producto poético, yo lo creo así. Solo que lo que se tiene en cuenta es la evaluación que llevan a cabo unos pocos, unos pocos con cierta formación teórica, una formación teórica que los poetas suelen compartir con estos "evaluadores", suelen formar parte de un mismo grupo. Y me niego a creer que los poetas no tienen en cuenta esta evaluación antes, durante y tras el proceso creativo. Hay una referencia estupenda a todo esto en la entrevista que citas, me parece recordar.

    Yo propondría una revalorización del estudio de la figura del lector puro, de su importancia para la creación, para la evaluación y para la creación de significado como medio para ampliar precisamente el "official speech". No dejarlo en manos ni del creador ni del crítico.

    Gracias a ti, Aníbal, por responder. No son mis comentarios, sino tu labor y tu paciencia la que enriquece algo aquí...

    María

    ResponderSuprimir
  15. La última y me callo, prometo ;-)
    Creo que justamente lo que busca una poética centrada en la estilización de la experiencia y del lenguaje y en la entronización de la imaginación es eso: descalificar al lector como interlocutor válido en la asignación de valor de esa obra. Es decir, si como poeta digo que lo más valioso son los poemas surgidos del fruto de mi mayor subjetividad, inherentemente coloco al lector en la posición de "receptor pasivo" y sin poder para evaluar mi producción.
    Para que exista ese lector como partícipe, los materiales y prácticas poéticas tienen que estar abiertas a debate. Y celebro que así sea ;-)



    a.-

    ResponderSuprimir
  16. Jajaja, también yo cierro aquí mi intervención. Sólo una última cosa: en efecto, eso es. Por eso no creo que el giro copernicano necesario para ello pase sólo por el autor (sigo viendo una perpetuación de esquemas antiguos en las ideas de GG: se centra, sigue centrándose en el autor), sino también en la inclusión del lector.

    Voy a necesitar vacaciones de mis vacaciones.
    ;-)))

    María

    ResponderSuprimir
  17. De último momento: confirmando tus teorías acerca del uso y abuso del autor en este blog, nada más que ver el último y más reciente comment en la entrada "A la manera de Yeats" y las devastadoras consecuencias del mismo sobre la anterior versión del texto en castellano. Stop ;-)
    a.-

    ResponderSuprimir