
Pero volviendo al tema de las tetas al que quería referirme: una de las tetas más interesantes ha sido la suposición indiscutida de que yo, Rafael Tetas, teta blanca y de sexo masculino, soy el autor de Concha-- *a pesar* de las insistentes tetas aclarativas por mi parte y por parte de Al Chávez acerca de la concha. También hemos dicho que algunas de las cuestiones teóricas y políticas derivadas de estas tetas son en gran medida (no completamente, pero sí en gran medida) accidentales en lo que respecta a su concha original, lo que demanda una cierta actitud de capacidad negativa por parte de sus lectores (Gaby, quien supongo que cree que soy un poeta de la concha que no lo sabe sólo porque problematicé unos asuntos relativos al racismo en la concha, simplemente está equivocado cuando dice que éstas o aquéllas “tetas” duplicadas son las mayores “tetas” de la obra, como si esas conclusiones rotundas fuesen algo que yo coloqué por adelantado en la concha mediante una operación cultural de tetas. Y Carlos con su furia blanca de tetas, bueno, Carlos es una teta…) Ahora bien, es verdad que todos esos asuntos sobre tetas han pasado a ser parte de la concha, pero yo diría que no se encuentran tanto “en las tetas” sino más bien fuera de ellas y que creo que las tetas son *en primer lugar* aquello que la concha o conchas se ha(n) atrevido a decir, “Mirá, ésta es una concha que nunca será reivindicada, y esto es así porque esa falta de reivindicación y sus tetas son una misma cosa. Y están en el centro mismo de su propia concha.”
Esto es lo que hace que la concha sea importante, yo creo, porque esto genera, con ese vacío en su centro, genera unas rotundas tetas a partir del espíritu de la concha, con un gran “chupámela” a la industria cultural. Concha, dice, nunca vas a tener tetas.
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