(de "El claroscuro del pingüino" — antología poética bilingüe de Mary Jo Bang de próxima aparición en Kriller71 Ediciones)
Mostrando entradas con la etiqueta María Rosa Maldonado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Rosa Maldonado. Mostrar todas las entradas
miércoles, 26 de junio de 2013
MARÍA ROSA MALDONADO LEE A MARY JO BANG: "DISCULPAS POR DESEAR"
(de "El claroscuro del pingüino" — antología poética bilingüe de Mary Jo Bang de próxima aparición en Kriller71 Ediciones)
jueves, 13 de junio de 2013
MARÍA ROSA MALDONADO LEE "NOCHE DE LAS DIATOMEAS" (de "ATZAVARA")
María Rosa Maldonado lee "Noche de las diatomeas" del libro Atzavara (Kriller71 Ediciones, 2012) en el Ateneu Barcelonès, 12/06/2013
lunes, 3 de junio de 2013
miércoles, 5 de diciembre de 2012
ACERCA DE "ATZAVARA", DE MARÍA ROSA MALDONADO - POR RODOLFO HÄSLER
María Rosa Maldonado, poeta argentina nacida en Barcelona, pero residente en Buenos Aires desde la infancia, donde ha ido escribiendo una obra alejada de ruidos y de modas, siguiendo el llamado de su propia vivencia, tremendamente consecuente con una mirada interior profunda y misteriosa, por momentos casi diríase que cercana a una sensibilidad oriental.
La poesía de María Rosa Maldonado es ante todo, y me gustaría empezar por ahí, una poesía para conocedores del género. Como en cualquier materia creativa, para poder comprender y disfrutar, es necesario un grado de familiaridad con la materia. En la poesía de María Rosa Maldonado el nivel de exigencia personal es elevado, es una poesía culta, lo que no quiere decir para nada que se trate de una poesía hermética o referencial. Y de hecho es una poeta respetada y leída por esa inmensa mayoría que son los poetas, lo cual es mucho.
Maldonado escribe como vive, y eso se nota. La poeta vive la poesía en una total entrega, no se trata de un juego, aunque a veces esa ronda, o esa acechanza, o el hecho de ocuparse de lo que no es o no está, lo pueda parecer. Se desecha el juego para exigir la máxima concentración en el lector. María Rosa Maldonado exige que su lector, el lector de poesía que se le acerque, se implique de la misma forma que ella lo hace. Y es que la autora sabe que si el creador no vive su vida y su arte en la mayor dedicación no se pasa de un juego lindando la frivolidad. En tiempos de tanto arte desechable, tanta literatura placentera o espejo de vidas anodinas, ella huye justamente de todo eso. Y como la poesía es resultado, entre otras cosas, de la vida, su poesía es sangre, sueño, deseo, compromiso, rechazo, amor por determinados autores y autoras, la poesía va con ella pegada a sus elecciones.
Leyendo al azar cualquiera de sus poemas uno recibe a menudo una sensación de desconcierto, por el uso de la gramática y por ese sentido que salta como una bofetada y que produce un cambio en la comprensión, y si el lenguaje poético, como tanto se ha dicho, es capaz de descubrir sentidos ahí donde acaban los del uso comunicativo común, eso es desde luego evidente y patente en su escritura. Vemos por ejemplo de este libro, Atzavara:
Atzavara vara de atzavara
Madre de floración reciente que entra por todas las ventanas
Con sus muchas cabezas
Lo que aparece no viene en esa tierra
Donde nunca
Hubo planta ni mujer
Algo sucede y ese acontecimiento es potente, se impone. Y ya acaecido, quiere quedarse, y claro, no se puede ya modificar. Sólo el lenguaje transmutado de la poesía - de su poesía - es capaz de ofrecer otra posibilidad. Se cambia el curso de los acontecimientos cuando se fijan, cuando el autor se detiene y los toma. Sólo así somos capaces de librarnos del peso del destino. Es desde luego una poesía que entronca con una tradición clásica, el referente va hasta el canto homérico, pero incide en la duda y la fragmentación del ser contemporáneo.
En una fachada lateral del Casón del Buen Retiro de Madrid existe una tarja de piedra que con bellísima letra cincelada dice: Todo lo que no es tradición es plagio. Esa podría ser una premisa importante en la poesía de María Rosa Maldonado. Sólo volviendo la mirada a nuestro devenir pasado podemos comprender hacia dónde vamos, de dónde venimos, y recuperar pedazos de nuestro devenir, el amor, nombrar al ser amado, el dolor, como ese famoso cuadro de Gauguin del museo de Boston titulado Nafea foa Ipoipo, ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?, donde un grupo de jóvenes tahitianas dejan pasar el momento, ensimismadas, rodeadas de una potente naturaleza tropical.
Sin citar, sin nombrar, sin escribir ya no puede estar, es una necesidad. Y estamos ante un tema fundamental de la creación: la necesidad. Casi diríase que vivimos tiempos en los que nada se hace bajo esa motivación, como si la necesidad quedase relegada a un segundo plano tras la búsqueda de un rápido rédito, y qué pena, pues todo lo que se hace por necesidad, por esa urgencia en la que nos va la vida, nos hace un poco más libres. Y llegamos al punto final y definitorio, la escritura poética como una apuesta por la libertad, la liberación de ataduras para poder decidir por uno mismo.
Ese recorrido es una iniciación, un largo camino que tiene un comienzo pero no fin, va con uno, es una segunda piel, la misma vida.
Por ese camino María Rosa Maldonado encuentra todo aquello que toma o rechaza, y sobre todo, toma un nuevo lenguaje, el suyo, su propia voz:
Aparecida pleamar hojas azules
Líquidas
En el desasimiento
Alma de dos voces ya perdida
Oscuridades
De la noche fuera de la casa
Rodolfo Häsler
Barcelona, 6 de diciembre de 2012
domingo, 10 de abril de 2011
ENTREVISTA: MARÍA ROSA MALDONADO / POEMAS COMO ÁRBOLES
AC: Cómo empezaste a escribir?
En aquel tiempo mítico de la infancia, todos cantaban. Las mujeres y los hombres, trabajando, cantaban. Cantaban y contaban. La madre, el padre, la vecina. Cantaban y contaban. La madre cantaba canciones románticas. El padre, contaba los cuentos tradicionales y fábulas en verso. La vecina, cuentos de cementerios y muertos que se metían de noche en las habitaciones reclamando su asadura. La escucha era placentera, aterradora a veces, siempre mágica. Después vino la lectura, regalo y privilegio: los cuentos de Editorial Tor, las revistas semanales. Qué mejor momento que el de, tirada sobre la cama o en algún rincón fresco del suelo, en el verano, entrar en esos mundos tan convincentes y más interesantes (creía entonces) que el llamado real?
El paso a la escritura no lo recuerdo como una determinación conciente sino como un deslizarse paulatino del deseo hacia la posibilidad. Cambiar la letra de alguna canción, imaginar un cuento. Una cierta prehistoria cerebral, sin acción.
Pero la pregunta trajo un recuerdo. Uno de esos que llevan muchas vidas flotando por los sitios de los que regresan por una ley ajena a la voluntad. Uno de los que te sorprenden porque, cierto o transformado, te dices: es un símbolo de lo que vino después. O, sólo he estado repitiéndome toda la vida.
Tendría siete u ocho años. Habían cortado la luz, así que estábamos iluminándonos con velas. No sé qué hacían los demás, mis padres y mi hermano, porque en el recuerdo yo estoy sola, en una habitación, arrodillada en el suelo y usando la cama como mesa. Y escribo, a la luz oscilante de una vela. Escribo un cuento donde hay una niña, una muñeca perdida (robada?) y un desenlace en el que, para salir de la adversidad de la pérdida, interviene una fuerza misteriosa que restituye el orden deseable. Esa fue la iniciación: una carilla de letra grande y desprolija. Y un gran placer por lo hecho.
Cada poema ha sido, y sigue siendo, comenzar. La difícil elección de las palabras, la búsqueda de esa música que se quiere recuperar del sueño. Libertad lúdica y vertiginosa. Ensimismamiento para el descenso al yo profundo. Pero siempre hay algo que se repite: Estoy sola, con la propicia luz de las invocaciones, entregada a una búsqueda imposible que las palabras asedian y remedan. En mi caso: la búsqueda de lo numinoso.
AC: Esto que decís de lo numinoso, sin embargo, es una percepción que se sitúa más allá del hecho lingüístico. ¿Cómo opera entonces tu escritura para poder transformar esa experiencia de lo numinoso en una forma literaria, en un poema? Porque me parece que ahí ya entran en juego decisiones plenamente literarias, como por ejemplo en tu poesía el uso del "tú". Te comento esto porque no sólo en tu poesía sino en tu respuesta anterior usás el "tú" en lugar del "vos". ¿Creés en la existencia de un lenguaje "ritual" que deba estar despegado del uso coloquial - o yendo más lejos, en una dicotomía del tipo sagrado/profano en términos de lenguaje literario?
MRM: Volveré a la pregunta, pero primero quiero apartar de ella el tema del vos/tú, que tiene una explicación independiente de ideologías. El uso del tú, en mí, es la continuidad del lenguaje originario (lengua madre) con el que entre al mundo de la palabra, y del sentido. En mis primeros cinco años la forma exclusiva era el tú; luego lo siguió siendo tanto en el orden familiar como en el escolar. Ahora ha cambiado, pero en los años en los que cursé mis estudios primarios, secundarios y terciarios, el tú regía como norma, sobre todo para el aprendizaje de la gramática y para las presentaciones escritas. Siempre me he hablado a mi misma de tú. Y así también les sigo hablando a mis muertos.
La verdadera ecuanimidad es, creo, respetar las propias diferencias idiosincrásicas, en tanto sean inocuas. Lo ideológico sería querer forzar mi escritura a un vos que no siento como propio. Natural y espontáneo en otros, en mi no lo sería.
Vamos, ahora, a lo numinoso.
En principio, lo que se sitúa más allá del lenguaje, también nos ha llegado a través de él. Todo preguntar es un preguntar desde el lenguaje, él instala y posibilita la pregunta, y la posibilidad de la respuesta. Tampoco creo en la dicotomía de una lengua sagrada frente a una lengua profana. Sí, en el sentido que Heidegger o Marcel marcan, creo que al hombre le es dado hacer un uso banal o auténtico del lenguaje. De hecho, parece que no podemos dejar de transitar por ambos. Salvo en la santidad del silencio. Cuando éste es santidad. Pero nada es banal si nosotros no lo banalizamos.
No creo tampoco en las palabras prestigiosas. Todas las palabras, todas, vehiculizan la posibilidad de la búsqueda, y de la creación estética.
Pero el lenguaje, como todo lo otro, es numinoso.
Y pienso lo numinoso no como la presencia de una divinidad, trascendente o inmanente, sino como el misterio pavoroso al que se enfrenta el ser humano por el hecho de serlo. La actitud que me pone en correlación es la permanencia en el asombro y la extrañeza del estar.
Entonces, el intento del poema (por qué del poema?) consiste en la atenta escucha del misterio. El inútil pero irrenunciable esfuerzo de enlazarlo y traerlo hasta el lenguaje. La restitución del sentido numinoso de la palabra
AC: Como vos preguntabas, quedan por levantar las cuestiones de "por qué el poema?"; es decir, no solamente el acto de intentar comunicar esa experiencia abismal, sino de hacerlo por medio de un lenguaje determinado, que posee una tradición propia. De alguna manera, en cada texto, lo numinoso "encarna" de un modo particular. Al mismo tiempo, vos venís trabajando hace años con talleres literarios, lo que supone un análisis probablemente más estructural de los textos, donde la magia de la contemplación también deja paso a una agenda de debates formales, es decir, donde esa búsqueda del equilibrio está sistematizada. ¿Sentís que eso opera conscientemente a la hora de escribir, es decir, que puede haber un "oficio" que obre facilitando el poema como un saber productivo y, por lo tanto, en detrimento de la experiencia de lo numinoso?
MRM: Claro, creo que la pregunta ha sido soslayada por un enfoque que apunta a una particular visión, y que, después de todo, como diría Alberto Girri desde su impecable dandysmo, “El motivo es el poema”.
Por qué el poema? Podría haber sido la pintura, la música, la ciencia, el zen…
Entonces, por qué el poema? Voy a caer en una petición de principio: el deseo creó la necesidad, la necesidad acució al deseo. Y así han continuado toda mi vida, generándose mutuamente. Claro, el poema ya estaba cuando yo llegué, para adherir hay que conocer, y de todo lo que fui descubriendo, fue lo que me envió una señal encantatoria: la expansión del plexo solar, la alegría propia del amor. “Esto es lo que me gusta, esto es lo que yo quiero”. El proceso, como ya te he dicho, fue: primero leer, después, tímidamente, emular. Sigue siéndolo.
Claro que el “poema” -en mí- fue cambiando, como todo. Desde las Rimas de Becquer hasta hoy ha recorrido un largo camino. Porque la otra pregunta implícita en este hacer es: qué es el poema? Algo que cambia, algo que permanece? Años atrás me encantaba repetir una frase de Sartre. “la prosa utiliza las palabras para expresar ideas, la poesía construye con ellas un objeto estético”, (Creo que está en “Lo imaginario”). Ahora prefiero recurrir a San Agustín y, parafraseándolo, decir: Cuando no me preguntan qué es el poema, lo sé. Cuando me lo preguntan, ya no lo sé. Tal vez porque hay conocimientos intuitivos que se niegan a ser racionalizados.
Pero vayamos a la última cuestión. La relación entre técnica y escritura. Mi padre me contaba un chiste sobre un niño que, llamado por el maestro a decir las tablas de multiplicar, le respondió: maestro, me acuerdo de la música pero no de la letra. Eso es para mí la técnica, una cierta música que me acompaña cuando escribo, de la que lo he olvidado todo, pero que se integró a la respiración. Mas que el análisis de los textos, es la lectura -no solo de los poetas, encuentro en la ciencia muchos elementos interesantes- lo que va acrecentando el caudal soterrado del que, seguramente, el yo estético va sacando sus materiales. Y siempre es inescrutable su procedimiento ya que no se trata de un proceso racional ni totalmente consciente. En mi caso, el poema no responde a una idea previa y clara en su tema y en su forma. Sí, hay un núcleo impulsor. Y el resto se va desplegando y mostrándose a mí, que soy su primera lectora. Lo numinoso somos, también, nosotros mismos.Lo que es seguro es que si comenzáramos nuevamente este diálogo, las respuestas serían otras. Ni mejores ni peores. Las asociaciones y los recursos, como en el poema, son, aunque finitos, inagotables. Me gusta pensar en los poemas como árboles, no hay, ni puede haber, dos iguales aun entre los de la misma especie. Y cada uno revela una forma única e irrepetible.
Gracias, Aníbal, por darme un espacio en tu blog -y no borrés esto, es mi derecho de entrevistada- donde encuentro siempre tan buenos poetas y tanta deferencia y cuidado en el trato hacia ellos y hacia sus obras.
sábado, 9 de abril de 2011
encuentro con el maestro - (MARÍA ROSA MALDONADO)
II
dice el longevo pong:
diáfano he vivido setecientos
en la cárcava de los espejismos
recibí la fuerza
primordial de lo polar y entré
en la esencia de lo no-polar
así he llegado a espíritu consciente
y ya no tengo madre: soy la madre
maestro:
he caminado largamente por el borde del mundo conocido
por las costas del útero lejano
y sigo amando
los mercados del sueño las cocinas robadas del color
el espectáculo abierto de las piedras sobre los altos lagos escondidos
dice el longevo pong:
“sigue la rotación interna de la mónada”
maestro:
todo se acerca a mí para ser disipado
hundido sorbido devorado por la boca pastosa de los días
un brusco peso en mi pecho me despierta en la noche
y sólo prodigo desventura
dice el longevo pong:
“la única virtud es el desasimiento”
maestro:
no me ha sido prescripto como al agua
practicar
la virtud ni como al lobo obrar con inocencia
dice el longevo pong:
“de qué tanto te quejas?
la manifestación siempre desemboca en lo
vacío
viernes, 8 de abril de 2011
otras visiones - (MARÍA ROSA MALDONADO)
II
tsara'ath lepros!
luminiscencias peligrosas en la noche oscura de la mar
mar mare nostrum harto de muertos a la deriva
peste negra linfática o neumónica
pecado
pecado
en brotes repentinos
y letales
- ámbar tungsteno
crisoberilo de la nada: en el fondo del pozo
la hermética alcoba de las nupcias -
roedores salvajes noctilucas de la descomposición
esos ciertos animales de insomnio
sueltan sus tigres
sobre el pecho del día
(no te acerques
esa mujer se hunde por su propia molicie:
apuntala su cuerpo en el abismo)
jueves, 7 de abril de 2011
el padre: (MARIA ROSA MALDONADO)
I
adormidera papaver
papaver somniferum
morfeo papaver
agua negra en la balsa en donde con tus manos
me sostienes
por las manos las axilas el cuerpo
pequeño cuerpo sumergido
en la frescura negra de las aguas
donde flotan todos los insectos del verano: himenópteros
lepidópteros típulas
libélulas - metales livianos joyas de acetileno -
libélulas - metales livianos joyas de acetileno -
y por encima cigarras (acúfenos?)
el monótono zumbido de sus tímbalos
esplugas de llobregat
campo abierto
- cae el cielo por los cuatro costados
sobre ásperas tribus vegetales
y nada puede detener la huida de las nubes
el viento
cargando el fuerte olor
la despegada podredumbre del verano
el paso apresurado
de las bestias pequeñas -
esplugas de llobregat
mil novecientos cuarenta y ocho año del señor
padre
tus manos me sostienen en la frescura negra de las aguas
pero no veo tu rostro
miércoles, 6 de abril de 2011
VI una flor olvidada arde como una hoguera de hielo sobre ontario (MARIA ROSA MALDONADO)
aguas van a la gran cacería
por la tundra -más al norte del limite de la vegetación-
desierto congelado
musgos
líquenes
morder el hielo en la noche de hudson
con mizar y alcor y aldebarán y sirius y
todas
las constelaciones por encima
podría ser morir
con las manos quebradas como cristal de espato
entrar en ishishtashkamuk esencia frágil y ambarina:
mundo invisible
comarca de los mishtapeu
pero y después: qué habrá de aquellos cuerpos
abandonados a sus propias tolvaneras?
orar sin desconsuelo: polaris cassiopeia
sirius mizar alcor aldebarán
también la cruz del sur deja caer
su frío olor
en la noche de ontario
martes, 5 de abril de 2011
III (figura en blanco) la marcha de los lobos - (MARÍA ROSA MALDONADO)
hacemos el camino en enorme silencio bajo
la lisa cúpula
del aire
sobre el indiferente suelo de esta tierra
asediamos nuestros propios perfiles buscando:
el gran deslumbramiento la opacidad y
finalmente la caída -bajamar de los mundos-
pero el deseo no muere (cuando clava el aguijón) como la abeja
sino que se acrecienta posee
la codicia imperiosa del abismo
incoloro e inerte
nos rodea el argón
como una joya azul
como un traje de fiesta en la noche del polo
con sus núcleos de hielo y aguas subterráneas
por donde fluye la luz del caribú
fantasma
del alimento consagrado
que nunca alcanzaremos
lunes, 4 de abril de 2011
I llegada a “agua viva” (de "ontario hace pie en el sueño") - (MARÍA ROSA MALDONADO)
salto hacia el lado interior de la frontera
hacia los silenciados lugares de destino que nadie reconoce:
grandes lagos
sinuosos cursos de agua
orillas frondosas de oyameles (abies religiosa) arces y abedules
pájaros
manojos y
manojos de narcóticas mariposas monarca
le vieux moulin à vent près du premier fort de ville-marie
somos la luz que se desliza sumisamente
hacia el fondo del lago
arco auroral polo celeste de donde llegan
ráfagas luminosas
filamentos y brillos ondulantes
-llamas cortinas abanicos-
encendidas visiones
contemplación infinita de los cielos
somos el territorio anishnaabe de las bocas
el corazón de las mil islas
el pabellón de los vinos
pero ay
ay la enfermedad con su traje de asbesto
caen los árboles como una gran catástrofe sobre la bella ottawa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








