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miércoles, 26 de junio de 2013

jueves, 13 de junio de 2013

miércoles, 5 de diciembre de 2012

ACERCA DE "ATZAVARA", DE MARÍA ROSA MALDONADO - POR RODOLFO HÄSLER


María Rosa Maldonado, poeta argentina nacida en Barcelona, pero residente en Buenos Aires desde la infancia, donde ha ido escribiendo una obra alejada de ruidos y de modas, siguiendo el llamado de su propia vivencia, tremendamente consecuente con una mirada interior profunda y misteriosa, por momentos casi diríase que cercana a una sensibilidad oriental.     

La poesía de María Rosa Maldonado es ante todo, y me gustaría empezar por ahí, una poesía para conocedores del género. Como en cualquier materia creativa, para poder comprender y disfrutar, es necesario un grado de familiaridad con la materia. En la poesía de María Rosa Maldonado el nivel de exigencia personal es elevado, es una poesía culta, lo que no quiere decir para nada que se trate de una poesía hermética o referencial. Y de hecho es una poeta respetada y leída por esa inmensa mayoría que son los poetas, lo cual es mucho.     

Maldonado escribe como vive, y eso se nota. La poeta vive la poesía en una total entrega, no se trata de un juego, aunque a veces esa ronda, o esa acechanza, o el hecho de ocuparse de lo que no es o no está, lo pueda parecer. Se desecha el juego para exigir la máxima concentración en el lector. María Rosa Maldonado exige que su lector, el lector de poesía que se le acerque, se implique de la misma forma que ella lo hace. Y es que la autora sabe que si el creador no vive su vida y su arte en la mayor dedicación no se pasa de un juego lindando la frivolidad. En tiempos de tanto arte desechable, tanta literatura placentera o espejo de vidas anodinas, ella huye justamente de todo eso. Y como la poesía es resultado, entre otras cosas, de la vida, su poesía es sangre, sueño, deseo, compromiso, rechazo, amor por determinados autores y autoras, la poesía va con ella pegada a sus elecciones.     

Leyendo al azar cualquiera de sus poemas uno recibe a menudo una sensación de desconcierto, por el uso de la gramática y por ese sentido que salta como una bofetada y que produce un cambio en la comprensión, y si el lenguaje poético, como tanto se ha dicho, es capaz de descubrir sentidos ahí donde acaban los del uso comunicativo común, eso es desde luego evidente y patente en su escritura. Vemos por ejemplo de este libro, Atzavara:     


Atzavara     vara de atzavara  

Madre de floración reciente que entra por todas las ventanas     


Con sus muchas cabezas     

Lo que aparece no viene en esa tierra           

                        Donde nunca                                       


                                                    Hubo planta ni mujer        


Algo sucede y ese acontecimiento es potente, se impone. Y ya acaecido, quiere quedarse, y claro, no se puede ya modificar. Sólo el lenguaje transmutado de la poesía - de su poesía - es capaz de ofrecer otra posibilidad. Se cambia el curso de los acontecimientos cuando se fijan, cuando el autor se detiene y los toma. Sólo así somos capaces de librarnos del peso del destino. Es desde luego una poesía que entronca con una tradición clásica, el referente va hasta el canto homérico, pero incide en la duda y la fragmentación del ser contemporáneo.     

En una fachada lateral del Casón del Buen Retiro de Madrid existe una tarja de piedra que con bellísima letra cincelada dice: Todo lo que no es tradición es plagio. Esa podría ser una premisa importante en la poesía de María Rosa Maldonado. Sólo volviendo la mirada a nuestro devenir pasado podemos comprender hacia dónde vamos, de dónde venimos, y recuperar pedazos de nuestro devenir, el amor, nombrar al ser amado, el dolor, como ese famoso cuadro de Gauguin del museo de Boston titulado Nafea foa Ipoipo, ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?, donde un grupo de jóvenes tahitianas dejan pasar el momento, ensimismadas, rodeadas de una potente naturaleza tropical.     

Sin citar, sin nombrar, sin escribir ya no puede estar, es una necesidad. Y estamos ante un tema fundamental de la creación: la necesidad. Casi diríase que vivimos tiempos en los que nada se hace bajo esa motivación, como si la necesidad quedase relegada a un segundo plano tras la búsqueda de un rápido rédito, y qué pena, pues todo lo que se hace por necesidad, por esa urgencia en la que nos va la vida, nos hace un poco más libres. Y llegamos al punto final y definitorio, la escritura poética como una apuesta por la libertad, la liberación de ataduras para poder decidir por uno mismo.     

Ese recorrido es una iniciación, un largo camino que tiene un comienzo pero no fin, va con uno, es una segunda piel, la misma vida.  

Por ese camino María Rosa Maldonado encuentra todo aquello que toma o rechaza, y sobre todo, toma un nuevo lenguaje, el suyo, su propia voz:     


Aparecida pleamar    hojas     azules  

Líquidas                     

                En el desasimiento  

Alma de dos voces ya perdida       

Oscuridades  

De la noche fuera de la casa           




Rodolfo Häsler  
Barcelona, 6 de diciembre de 2012




domingo, 10 de abril de 2011

ENTREVISTA: MARÍA ROSA MALDONADO / POEMAS COMO ÁRBOLES

AC: Cómo empezaste a escribir?

MRM: Todo comenzó por la escucha.
En aquel tiempo mítico de la infancia, todos cantaban. Las mujeres y los hombres, trabajando, cantaban. Cantaban y contaban. La madre, el padre, la vecina. Cantaban y contaban. La madre cantaba canciones románticas. El padre, contaba los cuentos tradicionales y fábulas en verso. La vecina, cuentos de cementerios y muertos que se metían de noche en las habitaciones reclamando su asadura. La escucha era placentera, aterradora a veces, siempre mágica. Después vino la lectura, regalo y privilegio: los cuentos de Editorial Tor, las revistas semanales. Qué mejor momento que el de, tirada sobre la cama o en algún rincón fresco del suelo, en el verano, entrar en esos mundos tan convincentes y más interesantes (creía entonces) que el llamado real?
El paso a la escritura no lo recuerdo como una determinación conciente sino como un deslizarse paulatino del deseo hacia la posibilidad. Cambiar la letra de alguna canción, imaginar un cuento. Una cierta prehistoria cerebral, sin acción.
Pero la pregunta trajo un recuerdo. Uno de esos que llevan muchas vidas flotando por los sitios de los que regresan por una ley ajena a la voluntad. Uno de los que te sorprenden porque, cierto o transformado, te dices: es un símbolo de lo que vino después. O, sólo he estado repitiéndome toda la vida.
Tendría siete u ocho años. Habían cortado la luz, así que estábamos iluminándonos con velas. No sé qué hacían los demás, mis padres y mi hermano, porque en el recuerdo yo estoy sola, en una habitación, arrodillada en el suelo y usando la cama como mesa. Y escribo, a la luz oscilante de una vela. Escribo un cuento donde hay una niña, una muñeca perdida (robada?) y un desenlace en el que, para salir de la adversidad de la pérdida, interviene una fuerza misteriosa que restituye el orden deseable. Esa fue la iniciación: una carilla de letra grande y desprolija. Y un gran placer por lo hecho.
Cada poema ha sido, y sigue siendo, comenzar. La difícil elección de las palabras, la búsqueda de esa música que se quiere recuperar del sueño. Libertad lúdica y vertiginosa. Ensimismamiento para el descenso al yo profundo. Pero siempre hay algo que se repite: Estoy sola, con la propicia luz de las invocaciones, entregada a una búsqueda imposible que las palabras asedian y remedan. En mi caso: la búsqueda de lo numinoso. 

AC: Esto que decís de lo numinoso, sin embargo, es una percepción que se sitúa más allá del hecho lingüístico. ¿Cómo opera entonces tu escritura para poder transformar esa experiencia de lo numinoso en una forma literaria, en un poema? Porque me parece que ahí ya entran en juego decisiones plenamente literarias, como por ejemplo en tu poesía el uso del "tú". Te comento esto porque no sólo en tu poesía sino en tu respuesta anterior usás el "tú" en lugar del "vos". ¿Creés en la existencia de un lenguaje "ritual" que deba estar despegado del uso coloquial - o yendo más lejos, en una dicotomía del tipo sagrado/profano en términos de lenguaje literario?

MRM: Volveré a la pregunta, pero primero quiero apartar de ella el tema del vos/tú, que tiene una explicación independiente de ideologías.  El uso del tú, en mí, es la continuidad del lenguaje originario (lengua madre) con el que entre al mundo de la palabra, y del sentido. En mis primeros cinco años la forma exclusiva era el tú; luego lo siguió siendo tanto en el orden familiar como en el escolar. Ahora ha cambiado, pero en los años en los que cursé mis estudios  primarios, secundarios y terciarios, el tú regía como norma, sobre todo para el aprendizaje de la gramática y para las presentaciones escritas. Siempre me he hablado a mi misma de tú. Y así también les sigo hablando a mis muertos.
La verdadera ecuanimidad es, creo, respetar las propias diferencias idiosincrásicas, en tanto sean inocuas. Lo ideológico sería querer forzar mi escritura a un vos que no siento como propio. Natural y espontáneo en otros, en mi no lo sería.

Vamos, ahora, a lo numinoso.
En principio, lo que se sitúa más allá del lenguaje, también nos ha llegado a través de él. Todo preguntar es un preguntar desde el lenguaje, él instala y posibilita la pregunta, y la posibilidad de la respuesta. Tampoco creo en la dicotomía de una lengua sagrada frente a una lengua profana. Sí, en el sentido que Heidegger  o Marcel marcan, creo que al hombre le es dado hacer un uso banal o auténtico del lenguaje. De hecho, parece que no podemos dejar de transitar por ambos. Salvo en la santidad del silencio. Cuando éste es santidad. Pero nada es banal si nosotros no lo banalizamos. 

No creo tampoco en las palabras prestigiosas. Todas las palabras, todas, vehiculizan la posibilidad de la búsqueda, y de la creación estética.
Pero el lenguaje, como todo lo otro, es numinoso.
Y pienso lo numinoso no como la presencia de una divinidad, trascendente o inmanente, sino como el misterio pavoroso al que se enfrenta el ser humano por el hecho de serlo. La actitud que me pone en correlación es la permanencia en el asombro y la extrañeza del estar.

Entonces, el intento del poema (por qué del poema?) consiste en la atenta escucha del misterio. El inútil pero irrenunciable esfuerzo de enlazarlo y traerlo hasta el lenguaje. La restitución del sentido numinoso de la palabra

AC: Como vos preguntabas, quedan por levantar las cuestiones de "por qué el poema?"; es decir, no solamente el acto de intentar comunicar esa experiencia abismal, sino de hacerlo por medio de un lenguaje determinado, que posee una tradición propia. De alguna manera, en cada texto, lo numinoso "encarna" de un modo particular. Al mismo tiempo, vos venís trabajando hace años con talleres literarios, lo que supone un análisis probablemente más estructural de los textos, donde la magia de la contemplación también deja paso a una agenda de debates formales, es decir, donde esa búsqueda del equilibrio está sistematizada. ¿Sentís que eso opera conscientemente a la hora de escribir, es decir, que puede haber un "oficio" que obre facilitando el poema como un saber productivo y, por lo tanto, en detrimento de la experiencia de lo numinoso?



MRM: Claro, creo que la pregunta ha sido soslayada por un enfoque que apunta a una particular visión, y que, después de todo, como diría Alberto Girri desde su impecable dandysmo, “El motivo es el poema”.

Por qué el poema? Podría haber sido la pintura, la música, la ciencia, el zen…
Entonces, por qué el poema? Voy a caer en una petición de principio: el deseo creó la necesidad, la necesidad acució al deseo. Y así han continuado toda mi vida, generándose mutuamente. Claro, el poema ya estaba cuando yo llegué, para adherir hay que conocer,  y de todo lo que fui descubriendo, fue lo que me envió una señal encantatoria: la expansión del plexo solar, la alegría propia del amor. “Esto es lo que me gusta, esto es lo que yo quiero”. El proceso, como ya te he dicho, fue: primero leer, después, tímidamente, emular. Sigue siéndolo.

Claro que el “poema” -en mí-  fue cambiando, como todo. Desde las Rimas de Becquer  hasta hoy ha recorrido un largo camino. Porque la otra pregunta implícita en este hacer es: qué es el poema? Algo que cambia, algo que permanece? Años atrás me encantaba repetir una frase de Sartre. “la prosa utiliza las palabras para expresar ideas, la poesía construye con ellas un objeto estético”, (Creo que está en “Lo imaginario”). Ahora prefiero recurrir a San Agustín y, parafraseándolo, decir: Cuando no me preguntan qué es el poema, lo sé. Cuando me lo preguntan, ya no lo sé. Tal vez porque hay conocimientos intuitivos que se niegan a ser racionalizados.
Pero vayamos a la última cuestión. La relación entre técnica y  escritura. Mi padre me contaba un chiste sobre un niño que, llamado por el maestro a decir las tablas de multiplicar, le respondió: maestro, me acuerdo de la música pero no de la letra. Eso es para mí la técnica, una cierta música que me acompaña cuando escribo, de la que lo he olvidado todo, pero que se integró a la respiración. Mas que el análisis de los textos, es la lectura -no solo de los poetas, encuentro en la ciencia muchos elementos interesantes- lo que va acrecentando el caudal  soterrado del que, seguramente, el yo estético va sacando sus materiales. Y siempre es inescrutable su procedimiento ya que no se trata de un proceso racional ni totalmente consciente. En mi caso, el poema no responde a una idea previa y clara en su tema y en su forma. Sí, hay un núcleo impulsor. Y el resto se va desplegando y mostrándose a mí, que soy su primera lectora. Lo numinoso somos, también, nosotros mismos.
Lo que es seguro es que si comenzáramos nuevamente este diálogo, las respuestas serían otras. Ni mejores ni peores. Las asociaciones y los recursos, como en el poema, son, aunque finitos, inagotables. Me gusta pensar en los poemas como árboles, no hay, ni puede haber, dos iguales aun entre los de la misma especie. Y cada uno revela una forma única e irrepetible.

Gracias, Aníbal, por darme un espacio en tu blog -y no borrés esto, es mi derecho de entrevistada- donde encuentro siempre tan buenos poetas y tanta deferencia y cuidado en el trato hacia ellos y hacia sus obras.


sábado, 9 de abril de 2011

encuentro con el maestro - (MARÍA ROSA MALDONADO)


II


dice el longevo pong:
diáfano he vivido    setecientos
en la cárcava de los espejismos 

recibí la fuerza
primordial de lo polar      y entré
en la esencia de lo no-polar 

así he llegado a espíritu  consciente

y ya no tengo madre: soy la madre 

maestro:  
he caminado largamente por el borde del mundo conocido
por las costas del útero lejano

y sigo amando
los mercados del sueño      las cocinas robadas del color

el espectáculo abierto de las piedras  sobre los altos lagos escondidos 

dice el longevo pong:
“sigue la rotación interna de la mónada”   

maestro:
todo se acerca a mí para ser disipado
hundido       sorbido       devorado    por la boca pastosa de los días 

un brusco peso en mi pecho me despierta en la noche
y sólo prodigo desventura 

dice el longevo pong:
“la única virtud es el desasimiento”

maestro:
no me ha sido prescripto como al agua
practicar

la virtud  ni como al lobo obrar con inocencia 

dice el longevo pong:
“de qué tanto te quejas?
la manifestación siempre desemboca en lo
vacío  

 

viernes, 8 de abril de 2011

otras visiones - (MARÍA ROSA MALDONADO)

II


tsara'ath  lepros!

luminiscencias  peligrosas  en la noche oscura de la mar 
mar   mare  nostrum   harto de  muertos  a  la  deriva   

peste    negra     linfática  o  neumónica    

pecado  
             pecado

                               en brotes repentinos
                                                                  y  letales 

- ámbar     tungsteno  
                      crisoberilo  de  la   nada:   en el fondo del pozo

la hermética alcoba de las nupcias -

roedores salvajes   noctilucas de la descomposición   

esos ciertos animales de insomnio

sueltan sus tigres
                              sobre el pecho del día 

(no te acerques   
                        esa  mujer  se hunde por su propia molicie:

apuntala su cuerpo  en el abismo)





jueves, 7 de abril de 2011

el padre: (MARIA ROSA MALDONADO)


I

adormidera      papaver  
                                           papaver   somniferum
morfeo   papaver 

agua negra    en la balsa  en  donde  con tus manos   
                                                                                        me sostienes  

por las manos    las axilas   el cuerpo   
                                                           pequeño cuerpo  sumergido 

en la frescura  negra     de las aguas 
donde   flotan   todos  los  insectos  del  verano:  himenópteros  

lepidópteros          típulas
                                           libélulas  - metales livianos    joyas de acetileno -


y   por  encima    cigarras                    (acúfenos?)
el monótono zumbido de sus  tímbalos   

esplugas de llobregat  
campo abierto  


- cae el cielo por los cuatro costados  
                                                              sobre  ásperas tribus vegetales
y  nada  puede  detener    la huida de las nubes    

el viento
                cargando el fuerte olor

la despegada podredumbre del verano   
el paso apresurado

de las bestias pequeñas -

esplugas de llobregat   
                                  mil novecientos cuarenta y ocho    año del señor 

padre  
               tus manos me sostienen en la frescura negra de las aguas

pero no veo tu rostro 


miércoles, 6 de abril de 2011

VI una flor olvidada arde como una hoguera de hielo sobre ontario (MARIA ROSA MALDONADO)


aguas  van  a la gran cacería

por la tundra   -más al norte del limite de la  vegetación-

desierto congelado
                                  musgos     
                                                   líquenes 


morder el hielo en la noche de hudson
con   mizar   y alcor    y  aldebarán    y  sirius   y

todas 
         
            las  constelaciones    por  encima


podría ser morir 

con las manos quebradas como cristal de espato

entrar en   ishishtashkamuk     esencia frágil y ambarina:
                                         mundo invisible

comarca de los mishtapeu 

pero   y  después:   qué habrá de aquellos    cuerpos
abandonados a sus  propias  tolvaneras?
 

orar sin desconsuelo:       polaris         cassiopeia    
 sirius            mizar           alcor                   aldebarán

también la cruz del sur  deja caer
                                   
                         su frío  olor
                                               en la noche de ontario 




martes, 5 de abril de 2011

III (figura en blanco) la marcha de los lobos - (MARÍA ROSA MALDONADO)


hacemos el camino en enorme silencio  bajo
la lisa cúpula
                           del aire

sobre el indiferente suelo de esta tierra 

asediamos  nuestros propios perfiles   buscando:  
el gran deslumbramiento       la opacidad    y  

finalmente     la caída     -bajamar de los mundos-
pero  el deseo no muere   (cuando clava el aguijón)   como la abeja  
sino que se acrecienta      posee

la codicia imperiosa del  abismo   

incoloro e inerte

nos rodea el argón 
como   una  joya    azul    

como un traje de fiesta en la noche del polo

con sus núcleos de hielo y aguas subterráneas
por donde  fluye   la luz       del      caribú  

fantasma

                 del alimento consagrado

que nunca alcanzaremos 




lunes, 4 de abril de 2011

I llegada a “agua viva” (de "ontario hace pie en el sueño") - (MARÍA ROSA MALDONADO)

salto hacia el lado interior de la frontera  

hacia los silenciados lugares de destino que nadie reconoce:

grandes lagos
sinuosos cursos de agua  
orillas   frondosas    de  oyameles (abies religiosa) arces  y abedules  

pájaros  

manojos y

          manojos de narcóticas  mariposas monarca   

le vieux moulin à vent  près du premier fort  de ville-marie 
  
somos   la luz que se desliza        sumisamente   
hacia el fondo del lago           
arco auroral    polo celeste   de  donde   llegan

ráfagas luminosas     
                                 filamentos   y brillos  ondulantes

-llamas  cortinas   abanicos- 
encendidas visiones

contemplación infinita de los cielos 

somos  el territorio   anishnaabe   de las bocas     
el corazón de las mil islas

el  pabellón de los vinos 

pero    ay  
ay   la enfermedad con su traje de asbesto 

caen los árboles   como una gran catástrofe   sobre la bella ottawa