domingo, 2 de febrero de 2014
ESA MUJER EN TU BAÑO, DEPILÁNDOSE... (ANDRIY LYUBKA)
Esa mujer en tu baño, depilándose,
celebrará su vigésimo cuarto aniversario mañana.
Tal vez "celebrar" sea una palabra demasiado ruidosa,
simplemente llamará por teléfono a papá y mamá
y hará sus oraciones antes de ir a la cama.
Vos no entendés sus oraciones, ni sus miradas misteriosas,
la lengua que usa en los menús de su teléfono.
Ustedes no están predestinados a estar juntos, y es mejor así,
te decís a vos mismo: "es mejor así".
En los momentos de ternura infrecuente, decís
que creés que ellos no tienen armas nucleares,
ninguna destrucción masiva, y te sentís un idiota.
Y entonces soñás que su cuerpo
huele a armas nucleares, como los desiertos, las canciones de los gitanos.
"¿Pero por qué gitanos?", te preguntás a la mañana siguiente,
lástima, no hay respuesta para esa pregunta. No sabés nada
sobre su infancia, sobre el territorio en que recibió su educación en inglés,
ni por qué exactamente ella te eligió a vos y no a otro.
Están juntos hace tres semanas. Y a veces examinás el mapa mundi,
analizando la localización de Irán, sus vecinos,
sus recursos, naturales y humanos.
Considerás que, con el paso del tiempo, la entenderás mejor.
A veces hacés preguntas sobre Irán, y le prometés que van a visitar el país juntos,
y ella todavía huele a verano gitano y armas nucleares,
su desierto está entre ustedes dos, la noche se acerca,
y ella está en tu baño, depilándose.
.
lunes, 20 de enero de 2014
OPERATIVO (VÍCTOR SOSA)
¿Elefante o marfil en el Congreso? Se optó por elefante, en miniatura. Entonces se apostaron sobre los más altos edificios con lupas telescópicas, con láser, con defensiva catapulta quántica, y aguardaron, entre los abrevaderos, el crepúsculo. Pero ni mu de fauna o paquidermo. Un Mercedes —con placas de Nevada— fue visto en la alborada; luego, nada. Ni un mirlo, ni un delfín y ni una mosca. La tropa de elite de más en más perdía su osadía, su coherente haz de luz se disipaba, sudando en las tanquetas, jugando al Go de día, vasodilatándose con el beisbol (en Iphone) por la noche. Un raro gel de vidrio envolvía en domo al gran acuario, pero ni una escama se movía. —Triquiñuela enemiga— farfulló el comandante, mientras revisaba la caducidad (vence 2022) de los supositorios. Inteligencia artificial aún no había, salvo la del ajolote mantenido en conserva que se activaría en caso de súbito derrame. Poluciones nocturnas propinaba la sidra. El toqueteo por debajo de los cuarzos no se hizo esperar. Hombres curtidos por las anacondas, por los búfalos, ahora ruborizados antes las estampitas Uyiko-e (Treinta y seis vistas del Monte Fuji, de Hokusai) ventilando kimonos debajo de paracaídas y cananas. Para no inseminar la concupiscencia, la Santa Sede envió a los Niños Cantores, pero los villancicos estresaron a la tropa. Laborterapia y zanjas keynesianas —propuso un senador— y las porristas agitaron sus pompones. Beijing veía en las Trece Colonias a un competidor (sobre todo en Taekwondo) tenaz, mas tendencioso. Sin parque y ya sin asma emocional, repatriaron soldados al tejido social. Las bioquímicas armas —tan sólo disuasivas— dormían sueños de gloria no obtenidos. Al fin la realpolitik prosperó derogando esas leyes de sesgo feminista: el no justificado veto al tofu, la implantación mamaria obligatoria y los tan draconianos aranceles a las más delicadas porcelanas de Tang.
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| Imágenes alusivas al accidente en marcha |
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viernes, 3 de enero de 2014
VINE PORQUE ME PAGABAN (GOLGONA ANGHEL)
Vine porque me pagaban
y yo quería comprar el futuro en cuotas.
Vine porque me hablaron de recoger cerezas
o de armas de destrucción masiva.
Pero sólo encontré cucos y cotilleos de feria,
ametralladoras de plástico, conejitos de Pascua y pulseras
de lata.
A bordo, alguien habló de justicia
(no, no era Marx).
A bordo, hablaban también de libertad.
Cuanto más moríamos,
más libertad teníamos para matar.
Mataba porque estabas cerca,
porque los otros se habían quedado en la esquina del súper
hablando, debatiendo el asunto.
Con estas manos levanté el polvo
con que ahora cubro nuestros cuerpos.
Con estas piernas subí diez pisos
para así poder mirarte de frente.
¿Alguien se atreve aún a hablar de posteridad?
Yo sólo pienso en cómo regresar a casa;
y qué bonita me queda la esperanza
mientras presento en directo
la autopsia de mi gloria.
.
y yo quería comprar el futuro en cuotas.
Vine porque me hablaron de recoger cerezas
o de armas de destrucción masiva.
Pero sólo encontré cucos y cotilleos de feria,
ametralladoras de plástico, conejitos de Pascua y pulseras
de lata.
A bordo, alguien habló de justicia
(no, no era Marx).
A bordo, hablaban también de libertad.
Cuanto más moríamos,
más libertad teníamos para matar.
Mataba porque estabas cerca,
porque los otros se habían quedado en la esquina del súper
hablando, debatiendo el asunto.
Con estas manos levanté el polvo
con que ahora cubro nuestros cuerpos.
Con estas piernas subí diez pisos
para así poder mirarte de frente.
¿Alguien se atreve aún a hablar de posteridad?
Yo sólo pienso en cómo regresar a casa;
y qué bonita me queda la esperanza
mientras presento en directo
la autopsia de mi gloria.
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jueves, 19 de diciembre de 2013
HOTEL ROOM (HORACIO FIEBELKORN)
Mi padre esperaba en el cuarto del hotel.
Yo me demoraba en una disquería de la esquina.
Era verano en nuestras vacaciones de hombres solos.
Cuando subí a la habitación, el viejo me dijo:
“Acaban de robarme, nos quedamos sin nada”.
Supe que no era verdad, porque mi padre
está muerto, y lo veía joven y flaco,
demasiado parecido a mí.
Así nos despedimos. En un sueño,
en un cuarto de hotel desconocido.
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Yo me demoraba en una disquería de la esquina.
Era verano en nuestras vacaciones de hombres solos.
Cuando subí a la habitación, el viejo me dijo:
“Acaban de robarme, nos quedamos sin nada”.
Supe que no era verdad, porque mi padre
está muerto, y lo veía joven y flaco,
demasiado parecido a mí.
Así nos despedimos. En un sueño,
en un cuarto de hotel desconocido.
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jueves, 28 de noviembre de 2013
LEOPOLDO (FRANCISCO ALVIM)
Mi novia cocainómana
me busca en las madrugadas
para decirme que me ama
Me quedo mirando sus ojeras
(tan oscuras como la noche ahí afuera)
donde escondo mi pasión
Cuando nos amamos
le pido que me pegue
me maltrate hondo
porque amo demasiado a mi amor
y las mañanas empalidecen rápido
.
lunes, 25 de noviembre de 2013
QUÉ ME IMPORTAN... (SIMONE CATTANEO)
Qué
me importan
el
amor y el dinero y, abatido, una buena palmada en la espalda,
siempre
tienes salud se decía mirándose al espejo
grande
del vestuario y también todavía hay tiempo
¿no
te parece? Pero al final
le
ha preguntado a un tipo sentado ahí cerca
si
su madre sabía coser. Y le ha abierto la cara
con el golpe seco de una hoja de afeitar antes de que
pudiera levantarse.
(Traducción: Cecilia Palluzzi - Aníbal Cristobo)
viernes, 1 de noviembre de 2013
3 (JERÓNIMO PIMENTEL)
Mi cerebro es la fruta que comió el primer hombre.
La receta dice: "hay medicina en las hojas",
pero siento frío. Cae nieve negra y forma una capa de hielo
sobre la que bailan dos astronautas. No conozco el ritmo,
pero en el firmamento un buey mueve la cabeza
divertido por la música. Pasta, en verdad, y sus dientes
aprueban melodías. Come astros y defeca estrellas
a la manera de semillas que fertilizan la bóveda
dejándola apta para la contemplación.
Su respiro se vuelve inquietud en mi descanso campesino.
Parece un trato justo. Buscamos señales
pero no hay una sola. No hay metáforas tampoco,
solo un poco de fruta que mi Yo místico proyecta a través
de mi Yo ficticio (mi Yo material califica al ejercicio de ocioso,
mientras mi Yo agazapado bosteza y revela
así su oposición). Me gustaría proyectar otras cosas,
pero nadie puede escoger qué hacer
ni cómo hacer lo que no elige.
No es determinismo, solo un cauce religioso
saboteado por el espíritu de nuestro tiempo.
A nadie le gusta su tiempo. A nadie le gusta crear caminos
que expandan su fuerza mística. La mía está intacta:
muestra a un buey alegre los días de verano
en cuyas noches cae nieve negra (blancas escafandras
exigen otro nombre para su cómica plasticidad).
En los inviernos fríos el animal es un gusano, una larva
que se reproduce en el espacio hasta formar otra.
A ojos profanos es solo el amor de dos estrellas,
bosta que ama a la bosta, y el buey sonríe sacuendiendo la cola
para que otras semillas resplandezcan
y otros niños como yo imaginen lo que sea
que sus ojos son capaces de fijar.
Nada me impide rendirle adoración, como a cualquier
objeto venerado por nuestra época (¿qué época?).
Algunas tardes incluso me enamoro de ella. Pájaro dice
que mi epifanía es un error de programación. Debe ser.
Cuando le rezo oigo el rugir de un motor y se alza el telón
de un teatro: soy un Hell Angel atravesando Arizona.
Los manubrios, anchos como un toro, me rodean
y se cierran a mi espalda. Ya no es una motocicleta,
sino una cápsula que navega por una país sin árboles
donde sólo es posible distinguir piedras, claros y vaqueros.
La vida es un sueño de Moebius donde todos vamos camino a duelo.
Las cajas de dibujo se funden en diálogos sin letras.
El silencio responde al silencio.
Primero, escopeta; después, resplandores indios.
El buey sonríe.
Some day I'll come back.
Fin.
La receta dice: "hay medicina en las hojas",
pero siento frío. Cae nieve negra y forma una capa de hielo
sobre la que bailan dos astronautas. No conozco el ritmo,
pero en el firmamento un buey mueve la cabeza
divertido por la música. Pasta, en verdad, y sus dientes
aprueban melodías. Come astros y defeca estrellas
a la manera de semillas que fertilizan la bóveda
dejándola apta para la contemplación.
Su respiro se vuelve inquietud en mi descanso campesino.
Parece un trato justo. Buscamos señales
pero no hay una sola. No hay metáforas tampoco,
solo un poco de fruta que mi Yo místico proyecta a través
de mi Yo ficticio (mi Yo material califica al ejercicio de ocioso,
mientras mi Yo agazapado bosteza y revela
así su oposición). Me gustaría proyectar otras cosas,
pero nadie puede escoger qué hacer
ni cómo hacer lo que no elige.
No es determinismo, solo un cauce religioso
saboteado por el espíritu de nuestro tiempo.
A nadie le gusta su tiempo. A nadie le gusta crear caminos
que expandan su fuerza mística. La mía está intacta:
muestra a un buey alegre los días de verano
en cuyas noches cae nieve negra (blancas escafandras
exigen otro nombre para su cómica plasticidad).
En los inviernos fríos el animal es un gusano, una larva
que se reproduce en el espacio hasta formar otra.
A ojos profanos es solo el amor de dos estrellas,
bosta que ama a la bosta, y el buey sonríe sacuendiendo la cola
para que otras semillas resplandezcan
y otros niños como yo imaginen lo que sea
que sus ojos son capaces de fijar.
Nada me impide rendirle adoración, como a cualquier
objeto venerado por nuestra época (¿qué época?).
Algunas tardes incluso me enamoro de ella. Pájaro dice
que mi epifanía es un error de programación. Debe ser.
Cuando le rezo oigo el rugir de un motor y se alza el telón
de un teatro: soy un Hell Angel atravesando Arizona.
Los manubrios, anchos como un toro, me rodean
y se cierran a mi espalda. Ya no es una motocicleta,
sino una cápsula que navega por una país sin árboles
donde sólo es posible distinguir piedras, claros y vaqueros.
La vida es un sueño de Moebius donde todos vamos camino a duelo.
Las cajas de dibujo se funden en diálogos sin letras.
El silencio responde al silencio.
Primero, escopeta; después, resplandores indios.
El buey sonríe.
Some day I'll come back.
Fin.
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