domingo, 27 de abril de 2014
TELEMARCHAY ECLIPSES (MARIO MONTALBETTI)
viernes, 1 de noviembre de 2013
3 (JERÓNIMO PIMENTEL)
La receta dice: "hay medicina en las hojas",
pero siento frío. Cae nieve negra y forma una capa de hielo
sobre la que bailan dos astronautas. No conozco el ritmo,
pero en el firmamento un buey mueve la cabeza
divertido por la música. Pasta, en verdad, y sus dientes
aprueban melodías. Come astros y defeca estrellas
a la manera de semillas que fertilizan la bóveda
dejándola apta para la contemplación.
Su respiro se vuelve inquietud en mi descanso campesino.
Parece un trato justo. Buscamos señales
pero no hay una sola. No hay metáforas tampoco,
solo un poco de fruta que mi Yo místico proyecta a través
de mi Yo ficticio (mi Yo material califica al ejercicio de ocioso,
mientras mi Yo agazapado bosteza y revela
así su oposición). Me gustaría proyectar otras cosas,
pero nadie puede escoger qué hacer
ni cómo hacer lo que no elige.
No es determinismo, solo un cauce religioso
saboteado por el espíritu de nuestro tiempo.
A nadie le gusta su tiempo. A nadie le gusta crear caminos
que expandan su fuerza mística. La mía está intacta:
muestra a un buey alegre los días de verano
en cuyas noches cae nieve negra (blancas escafandras
exigen otro nombre para su cómica plasticidad).
En los inviernos fríos el animal es un gusano, una larva
que se reproduce en el espacio hasta formar otra.
A ojos profanos es solo el amor de dos estrellas,
bosta que ama a la bosta, y el buey sonríe sacuendiendo la cola
para que otras semillas resplandezcan
y otros niños como yo imaginen lo que sea
que sus ojos son capaces de fijar.
Nada me impide rendirle adoración, como a cualquier
objeto venerado por nuestra época (¿qué época?).
Algunas tardes incluso me enamoro de ella. Pájaro dice
que mi epifanía es un error de programación. Debe ser.
Cuando le rezo oigo el rugir de un motor y se alza el telón
de un teatro: soy un Hell Angel atravesando Arizona.
Los manubrios, anchos como un toro, me rodean
y se cierran a mi espalda. Ya no es una motocicleta,
sino una cápsula que navega por una país sin árboles
donde sólo es posible distinguir piedras, claros y vaqueros.
La vida es un sueño de Moebius donde todos vamos camino a duelo.
Las cajas de dibujo se funden en diálogos sin letras.
El silencio responde al silencio.
Primero, escopeta; después, resplandores indios.
El buey sonríe.
Some day I'll come back.
Fin.
jueves, 22 de noviembre de 2012
OTROS EN LAS GRANDES PRADERAS (RAFAEL ESPINOSA)
Estábamos hablando del arte del toreo
y de cómo los hombres aniquilan a las bestias
y cómo los hombres aniquilan a los hombres
incapaces de romper una circularidad
envueltos en un murmullo desigual
que nos cubría de estratos perdurables
lo demasiado abierto de un pasar
hasta que nos pareció que el repentino
ingreso de una vaca en la playa
supondría un arreglo
y después quedamos en silencio
y se nos antojó un modo más digno de ser
siempre que fuera para siempre
martes, 20 de noviembre de 2012
DÍA NACIONAL (RAFAEL ESPINOSA)
Solo conectarse por medio de un vello en el escroto
a una máquina de sueños para ganar todas las partidas
de bridge en un crucero resulta más idiota
que reconocerse peruano. Prefiero entretenerme
observando a las hormigas ejercer su identidad
local en sus palacios de troncos donde el tiempo es una rama
de bonsái e intuir que las ballenas pierden su ser
patrio apenas retoman su ruta ártica. A veces,
como soy miraflorino, me ocurre ver el mar del distrito e imaginarlo
inconmensurable, como si estuviera en ácido; pero
ni en marcha reversa lo llevo a bañar los glaciares andinos
ni lo cuelgo en los enormes árboles de la selva,
hiriéndolos con una angustia horizontal. La
más redonda de sus gotas no aglomera
todas las nevadas de altura, menos contiene los augurios
de la red de chirridos amazónicos. Sería
confundir la parte con el todo. Y ciertamente
el Perú es un todo, con muchedumbre de pisos
ecológicos que soportan el dolor de un número
todavía mayor de brazos y piernas. Rember es uno,
yo otro, el heladero que convoca a los niños todavía
otro más y a los tres un viento segregacionista nos podría insultar:
"sal del césped", "blancón", "cusqueño que turba la siesta
de Lima con su bocina para vender helados". Decirnos
que solo muertos, en fichas, somos los tres el todo peruano.
domingo, 14 de octubre de 2012
POSFACIO A "COMO HIGUERA EN UN CAMPO DE GOLF", DE ANTONIO CISNEROS - Por William Rowe
Esa verdad pasa, sobre todo, por el hecho de haberse vivido: no tiene otro modo de comprobarse, y así el riesgo asumido tiene que ver con la posibilidad de que la vida no tenga nada de trascendente. Los lectores que ya conocen la obra de Cisneros se darán cuenta de que los libros posteriores, comenzando por El libro de Dios y de los húngaros, reemplazan esa ausencia por cierta fe cristiana, lo cual en realidad no quiere decir que no expresen la misma angustia. Salirse de sí, llegar a un más allá de la situación, sea su signo Lenin o las golondrinas de Bécquer o la Asunción de la Virgen, o esperar que las marcas en el mapa —ya sean éstas marcas del colonialismo o de mezquindades más caseras, como las de las moscas en la pared— sean removidas y “todo quede limpio y azul”: esas esperanzas han sido vaciadas ya y con ellas eso que otorga al lenguaje la dimensión de la futuridad. No se trata de una pose, de una melancolía postiza, sino de algo así como un estrecho por el que tienen que pasar las palabras.
El desfiladero por el que deben pasar los poemas es el punto de la ausencia: ausencia de las personas queridas, de los lugares visitados, de los paisajes peruanos, pero también —y esto es lo más importante— ausencia de la propia persona de la vida que ha vivido. Lo que quiebra el molde, es decir, lo que elude el riesgo de un sentimentalismo burdo, es ese ya no estar: “ya no hay lenin ni martí que puedan devolverme la casa de ayacucho (no esa casa)”. ¡Tanto depende de esa palabra “esa”! Es el punto de la ausencia en que todo lo vivido se reúne.
Si el vacío define la condición de la libertad (pensemos en Shelley frente a los grandes espacios de los Alpes), el vacío de estos poemas es más bien un no hay ya dónde estar: “a mí me duelen los huevos la memoria las últimas costillas voladoras.” Y a la vez la casa, y todo lo que la hace habitable —el amor entre otras cosas— es de gran importancia en este libro. Y el tiempo desgasta, no permite la repetición (“Londres vuelto a visitar”). Los lugares comunes no salvan de la angustia (“El rey Lear”) porque “con la muerte / se acaban las imágenes”. Lo cual no impide que haya muchas imágenes, imágenes que nos acercan a la cualidad física de la existencia, al cuerpo, a los animales, las moscas, los cangrejos: seres y cosas que están allí, que ocupan el espacio, que reciben el tiempo vivido. No es que no haya coartadas, las hay muchas en este libro: la imitación de formas clásicas, el léxico a veces arcaizante, cierto tremendismo, la autoironización complaciente; lo que pasa, al final, es que al igual que la arquitectura “no nos salvan”.
William Rowe, junio de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
de "CANCIÓN PARA LOS MALOS TIEMPOS (UNA EXCURSIÓN POR TRAGABIGZANDA)"
Hacia la península viajamos durante toda esa primera noche
- nuestra única certeza en medio de las oscuras aguas
fue la música tribal expresada por la autoradio de una patrulla
de policía estacionada en la playa; hacia la península viajamos-,
viajamos toda esa primera noche y buena parte de la mañana siguiente.
Desde la proa era posible observar el aro rojo compuesto
por siete estrellas suspendidas sobre el puerto. No pude descifrar
esa inicial premonición, y aún haciéndolo de poco
nos habría servido. Pues para vencer a algo ese algo debe ser algo:
el río Annisquam discurriendo silencioso -una mancha de tinta
avanzando por el ceramio pardo-, las casas de los pescadores,
alineadas como bueyes, los árboles altos como árboles.
No muy lejos de la playa la relación entre el tiempo y la memoria
se derrumba sobre la arena con los tendones cubiertos de sangre.
Su nombre está relacionado a la vez con la vegetación primaveral.
Antes de caer herida era una mujer tan persistente
como la ceniza en el fondo de un vaso mojado. Imposible para ella
seguir ahora al policía jóven y calvo que deserta y desanda
la autopista, evitando a quien le pregunte por su adolescencia
o sus lágrimas, abandonando la patrulla frente a la costa con el radio
sintonizando a todo volumen la Hora Radial de la Colonia Gabonesa,
cuyas festivas canciones guiaron nuestra embarcación
a través de la noche, cerrada y en tensa vigilia.
Una gran cama donde duermen por lo menos siete hombres.
lunes, 21 de marzo de 2011
LAS SALINAS (ANTONIO CISNEROS)
Yo nunca vi la nieve y sin embargo he vivido entre la nieve toda mi juventud.
En las Salinas, adonde el mar no terminaba nunca y las olas eran dunas de sal.
En las Salinas, adonde el mar no moja pero pinta.
Nieve de mi juventud prometedora como un árbol de mango.
Veinte varas de sal para cada familia de cristianos. Y aún más.
Sal que los arrieros nos cambiaban por el agua de lluvia. Y aún más.
Ni sólidos ni líquidos los blanquísimos bordes de ese mar.
Bajo el sol de febrero destellaban más que el flanco de plata del lenguado.
(Y quemaban las niñas de los ojos.)
A veces las mareas -hora del sol, hora de la luna- se alzaban como lomos de caballo.
Más siempre se volvían.
Hasta que un mal verano y un invierno las aguas afincaron para tiempos
y ni rezos ni llantos pudieron apartarlas de los campos de sal. Y el mar levantó techo.
Ahora que ya enterré a mi padre y a mi hermano mayor y mis hijos están prontos a enterrarme,
han vuelto las salinas altas y deslumbrantes bajo el sol.
Hay también unas grúas y unas torres que separan los ácidos del cloro.
(Ya nada es del común.)
Y yo salgo muy poco pero Luis -el hijo de Julián- me cuenta que los perros no dejan acercarse.
Si parece mentira.
Mala leche tuvieron los hijos de los hijos de la sal.
Puta madre.
Qué de perros habrá para cuidar los blanquísimos campos donde el mar no termina y la tierra tampoco.
Qué de perros, Señor, qué oscuridad.
domingo, 20 de marzo de 2011
MI HERMANO (ANTONIO CISNEROS)
En verdad, mi padre no lo tenía de su reino: ni en pelea de perros lo quería.
No recuerdo por qué pero decía que era blando y picante como el alma de la malagua.
Y cuando las semanas de pesca y todos los muchachos entraban a la cala
mi hermano maldecía (el sol era un ojito de cazón).
Borracho, sin mujer ni compañero tendido en su caballo más reseco que un palo.
Tiempo ya que ignoraba de las aguas y el brillo de los peces.
Sólo el mal brillo de una botella rota entre la arena.
Pobre, mi hermano, hecho una uva andaba y sin memoria.
Todo en su corazón era pereza. Ni era oficio la tierra ni era el mar.
Como lagarto comía en nido ajeno.
Fruto malo de la Hermandad del Niño, muerto insepulto que ninguno lloraba.
Hasta que nos maldijo y se largó.
Después contó Juan Celis que hacía contrabando caletero y robaba gallinas.
Trabajaba por su cuenta.
Sabrá Dios si era cierto pero una mala tarde Punta Negra se llenó de patillos y vimos un lanchón
y una botella verde de Pomalca y un alma en pena sin cuerpo que velar.
Mi padre tomó su lamparín y se sentó en las rocas y esperó.
Todos los muertos en el mar de San Bartolo, de Cangrejal, de Santa Rosa, de Santa María se vienen con las aguas.
Todos los muertos que pasan la rompiente y los altos cantiles de la Playa al Revés.
Negros-morados como uva de Borgoña y limpios por la sal.
Aquí todas las aguas tocan fondo. Punta Negra:
Remolino final de los pescados y los hombres que fueron.
Y es costumbre y así es. Aunque no es la ley ni en boca de los hombres
ni en la boca bendita del Señor.
sábado, 19 de marzo de 2011
UN SONETO DONDE DIGO QUE MI HIJO ESTÁ MUY LEJOS HACE YA MÁS DE UN AÑO (ANTONIO CISNEROS)
"Oh tu líquida y redonda habitación: la cómoda, la bien dispuesta, la armoniosa.
Y de pronto en el aire de las cuatro estaciones y los dioses: que los dioses te sean propicios".
Cuando escribí esas cosas aún estabas entre la gran vitrina donde fuiste exhibido cinco días
en competencia con los recién nacidos: "y mira esos ojazos" (tía Norma), "el más lindo de todos" (tía Inés),
y tú las ignorabas como el techo de un auto acribillado por los escarabajos voladores que mueren en el aire,
monarca de tus necesidades y el chillido de los que tienen hambre, se mojan y se embarran para honrar el planeta.
Después te llevamos al reino clase-media-acomodada de tu abuelo
-yo volví de Ayacucho sin trabajo (el haragán) hasta que otra vez fui profesor, pero en San Marcos
pagan poco y hubimos de seguir entre los cuadros de Primera Comunión y el vino controlado-
y el amor de la familia giraba y te giraba como las moscas borrachas en medio del verano.
Y cómo te arrastrabas en las cuatro estaciones -"gatea muy bien para su edad"- y merodeabas la edad de la memoria
cuando el gran haragán y su mujer se metieron a un barco -cincuenta mil toneladas de hierro- que partía esa noche, y después escribió (el haragán):
"el viento soplaba y resoplaba para ti, nuestro recién nacido, cáscara de plátano donde pastan las moscas".
Cáncer y Capricornio fueron viejos una y otra vez y las banderas se hundieron en la arcilla como todo / los mejores caballos con la barriga abierta
-y esta lluvia que oxidó a los romanos en las tierras del Norte
me encierra entre mi caja de Corn Flakes
a escribir por las puras
sin corona de yerbas ni pata de conejo que me salven-.
Al dulce lamentar de dos pastores: Nemeroso, el Huevón, Salicio, el Pelotudo.
viernes, 18 de marzo de 2011
FATIGA DEL HARAGÁN EN LA PLAYA (ARITMÉTICA) - (ANTONIO CISNEROS)
miren como me canso:
en el kilómetro 186 los dedos de mis pies sobre las piedras,
y esas aguas
cortándome en el techo y abajo y en el sur,
qué vagancia, qué alegres los espigones de mis pies,
y el sol arriba.
Mientras, tu corazón bombea sangre a las tierras conocidas
y a las no conocidas
y aun donde no tenemos embajada.
Y es una mosca que te silba entre las costillas:
al principio la ignoras,
pero con los días tienes que considerarla en el horario:
para tu oficio 6
y 2 para la mosca,
ese silbido más largo y aburrido que la Araucana,
para tu oficio 2
y 6 para la mosca,
y no vas a ganar sobretiempo ni el prestigio
de un reloj suizo, haragán:
8 para la mosca.
Y este corazón
como una batisfera bajo el peso de todos los océanos
conocidos
y los no conocidos,
y el sol arriba.
jueves, 17 de marzo de 2011
LA ARAÑA CUELGA DEMASIADO LEJOS DE LA TIERRA (ANTONIO CISNEROS)
La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros
sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
y ésa será mi habilidad.
miércoles, 16 de marzo de 2011
SOY EL FAVORITO DE MIS CUATRO ABUELOS (ANTONIO CISNEROS)
Si estiro mi dedo mi metro ochentaitantos en algún hormiguero
y dejo que los animalitos construyan una ciudad sobre mi barriga
puedo permanecer varias horas en ese estado y corretear
por el centro de los túneles y ser un buen animalito,
lo mismo ocurre si me entierro en la pepa de algún melocotón
habitado por rápidas lombrices. Pero he de sentarme a la mesa
y comer cuando el sol esté encima de todo: hablarán conmigo
mis cuatro abuelos y sus cuarenta y cinco descendientes y mi mujer, y yo debo
olvidar que soy un buen animalito antes y después de las comidas
y siempre.
martes, 15 de marzo de 2011
POEMA SOBRE JONÁS Y LOS DESALIENADOS (ANTONIO CISNEROS)
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso-.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos.
viernes, 31 de diciembre de 2010
XXI (CÉSAR VALLEJO)
En un auto arteriado de círculos viciosostorna diciembre qué cambiado,
con su oro en desgracia. Quién le viera:
diciembre con sus 31 pieles rotas,
...........................................................el pobre diablo.
......Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,
bocas ensortijadas de mal engreimiento,
todas arrastrando recelos infinitos.
Cómo no voy a recordarle
al magro señor Doce.
......Yo le recuerdo. Y hoy diciembre torna,
qué cambiado, el aliento a infortunio,
helado, moqueando humillación.
......Y a la ternurosa avestruz
como que la ha querido, como que la ha adorado
Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.
sábado, 6 de noviembre de 2010
NO PARA LAS FUTURAS GENERACIONES... (RAFAEL ESPINOSA)
(escrito con una sordera parcial por catarro + depresión revolvente)
No para las futuras generaciones
sino alrededor de mi cuerpo
he construido, sin ser vidriero,
un cubículo transparente.
Mis cadenas asociativas,
que las tengo, dibujan
adentro una deidad de dolor.
Lento blablablá inaudible
de desolación que me hace
compañía y después llama
a la manada de humanos.
Pueden venir los reporteros,
pueden venir los artistas visuales,
sus egos en bolsas plásticas,
con la doble ganga de que una imagen
de devastación sea a un tiempo
una escultura efímera.
Yo estoy adentro, vuelto un plano,
es decir afuera de lo que yo mismo
pueda representarme, como
si montara una bicicleta
sin piernas. Tengo una estrofa,
tengo un peine; lo que no veo,
pegado al vidrio, es un peinado
que además sea un hombre,
posea una canción.
viernes, 5 de noviembre de 2010
UNA CHICA QUE LEE POESÍA NO LE LANZA ARENA... (RAFAEL ESPINOSA)
Una chica que lee poesía no le lanza arena
a un pelícano estático,
inmóvil como el aburrimiento
de ella.
No debe hacerlo siquiera porque él se está muriendo, o caridad
hacia sus ojos impasibles que han aceptado como finalidad del cuerpo
el sacrificio.
...............Debe haber una clara separación entre aburrimiento
.............................................y muerte
y ni aun arena fina e ingrávida atreverse a infringirla.
La muerte del pelícano
es sufrimiento, mejor incluso una fatiga en que la estructura de las alas
cede a lo informe de la arena o la brisa hedionda.
Es lento: aun así es flujo
............y por definición no queda en él mismo.
El aburrimiento de la chica es materia
de las técnicas con que está construida
su casa de playa.
.................Hay una clara separación entre propiedad privada y áreas públicas
e incluso el mar, sin ser avaro,
la respeta.
Nadie arroja arena a los postigos azules de la ventana.
La muerte del pelícano
es indicio de un enlace entre lo privado y lo público,
la lágrima y el mar y el océano social.
El aburrimiento de la chica
es anti-reflejante como los muros de contención de su casa.
El concreto contiene arena.
Y ella tira arena.
martes, 2 de noviembre de 2010
CÓMO SUEÑAS, CÓMO PIENSAS... (RAFAEL ESPINOSA)
Cómo sueñas, cómo piensas.
Una redistribución de las piezas,
unos bordes sobreexpuestos
a la caricia insensible del guante.
El lado más débil siempre
es el más importante, de ahí
surge la canoa del maya
expandiendo con la estela
un afluente mudo. Y recién te
enteras: Paula llamó de larga
distancia, en una breve
escala. Dijo que su amor no viaja.
Un acontecimiento decisivo
que barrió vacas y flores, y viste
solo formas de labio comentándolo.
Como un juego de billas
en que las bandas y los roces
deben asegurar que nada,
menos uno, quede afuera.
Como el juego de pelota
maya y sus estrategias
y su acto práctico referidos
a paredes siempre ruinas.
Una estrella simbólica.
Y no está en juego nada, sabes?
PUTOS CABRONES, PEORES QUE POLÍTICOS Y ANALISTAS... (RAFAEL ESPINOSA)
Putos cabrones, peores que políticos y analistas
políticos, no notan que el pederasta lleva fervor
y el lavacarros estructura social a su encuentro
de cada semana. Uno es por soledad aglutinada
en los testículos, el otro debido a encantamiento
con la voz patronal, mientras el dinero si sombrea
de poder los cuerpos, solo es como término derivado.
Lo explícito, como siempre, usurpa la fuerza
de lo implicado, pero si propulsado por la energía
nuclear del orden de clases, un petardo de semen
les diera en la cara, de nuevo errarían el juicio:
creerían los putos cabrones que es caca de pájaros,
como una metáfora teledirigida de los gobernantes
de la que se pueden inferir baja de impuestos
y feriados largos. ¡Y se reirían! bajo el sol de estío,
las caras blanqueadas, payasos de la inmortalidad.
No pueden ver en el astro sino cambio de horario.
No pueden concebir que el movimiento existe,
ni que no ocurre entre dos puntos sino que los hace,
como un tarareo que luego es mano que escribe,
acontecer. Sí, son harto veloces, toman ascensores
de motor lineal del piso de abajo al piso de arriba
y con suerte las compuertas los dejan en otro año
aunque en el mismo día. Eso es lo que Dios concede:
la vuelta sin haber salido de casa. Circularidad.
Menstruación. El sol y la luna. Y en torno
del Centro (de Convenciones / Cultural y de Artes)
el cumplimiento de las profecías de los padres
y la más amplia variedad de tatuajes para embellecer
con cristos sangrantes y dragones la eternidad.
Entre tanto, no perciben la eternidad de cada micra
de agua al embeber cada micra de piel: no saben
ir con su cuerpo a la playa; no saben sumergirse
en el cauce: no saben nadar en el cauce del cuerpo.
Los putos cabrones terminan cachando con un pene
de terno, y aceptado que somos mucho menos
que lo que pudimos ser pero somos asimismo
mucho más que lo que otros soñaron tener, ahora
es necesario que sean sin complejos libres.
Una seguridad en los propósitos, una coquetería
para aceptar como plausibles los fines contrarios,
y emociones controladas y estar junto al mar,
sometiéndolas al diseño limpio y meditado
de una copa de martini. Arriba están las estrellas
como espectáculo y ellas mismas como testigos
de orden, composición y acabado en los affaires
terrenos. Después de todo, aun cuando pudieron
quedar mejor, no se hicieron las cosas mal. “Lo
perfecto es enemigo de lo bueno” dicen los maestros.
El cielo es perfecto, pertenece a nuestro balneario.
O después de pedir subvenciones, los putos cabrones
que escriben versos: “mis manos son ruiseñores
que te desnudan en tu bosque”; “nuestras lenguas
serpientes que ferozmente se devoran... ... ¡¡y calla
mierda!! ... ... El ofidio, entre el matorral, posee
menos mentiras y mucha más nobleza: mira
a la rata cuando mata como los putos cabrones
le ponen el culo en vez del corazón a las palabras:
no saben ir con su cuerpo a las palabras, no saben
que el cuerpo es aire, y una ventisca brusca,
conocimiento: cristales y oscurecimiento. Peores
que políticos, creen que el movimiento restaura,
que la Corriente de Humboldt trae siempre
el mismo navío romántico, en cuya dignidad
no consiguen ser navegantes, en su estela de oro
coser una glándula de deseo: la fe de un hombre.
Un hombre, si lo es, es una araña que elabora
con su baba constelaciones lisérgicas al servicio
de la lluvia que las orla, del viento que las arruina.
Camina y oye, camina y ve, camina y toca
y después echado en su cama no recuerda nada
a no ser el bip de un disperso goce. Así ama.
¿Qué sería entonces la libertad, si no paseo,
fuera objeto? Algo que dejó de ser un cuerpo
persigue un vacío que asimismo se rehúsa
a serlo, eso somos y por esa causa contamos
los kilómetros recorridos mientras destruimos
con cada nueva estación de servicio el pasado.
¡Y los putos cabrones, más viles que entrevistadores
políticos, pretenden hacernos entrar diciendo
que nos llevan a pasear. Al jardín de la democracia
donde confunden cheflera con palo de brasil
y llaman a tal hecho reglas de convivencia.
Les tienen sin cuidado las plantas, no sospechan
que sean las ideas las torsiones imperceptibles
sonsacadas de su voluptuoso fototropismo.
Solo les basta tener jardineras e informarse
sobre control de plagas, protocolos para mantener
las cosas aparte. No han respirado las hojas;
no saben que mente es fragancia y neurotransmisores
que van del temblor a la memoria, sin calmar uno,
perdiendo a la otra siempre. No hallan ahí drama
y anhelo, tampoco de otra manera. En realidad
la que decide es la marcha en piloto automático,
y alejarse del tiempo lo más establemente posible
para copiar el verano anterior. Otros, en paralelo,
buscan que los supermercados costeen sus libros
con epígrafes de César Calvo. No saben
rezar: dicen sermones y palabras falsas, jugadas
tramposas en la bolsa de valores, los putos cabrones.








