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domingo, 27 de abril de 2014

TELEMARCHAY ECLIPSES (MARIO MONTALBETTI)

perder
perder
para encontrar
lo que ha sido tomado de la boca del jaguar
perder perderlo todo
y cuando lo hayas perdido todo
has de perder eso también

donde antes no veías nada
hay por lo pronto una piedra sobre otra
donde antes no oías nada hay un ritmo de bastones de brezo
en las tardes allá afuera golpeando la tierra golpeada

los cadáveres inmensamente muertos
que dejaste en el camino
dicen no-jaguar no-caverna no-vasijas

sólo mantos
y piedad por los pallares y las moscas

esto es todo lo que ignorabas
por querer ganar el cielo

guitarrero dice no-laso no-agua no-tiempo
sólo fardos
encerrando peces
atrapados entre los dientes de otros peces

parece mentira haber vivido cien siglos en estas sierras
domesticados por animales
que no supieron ponderar nuestro apetito
y que luego domesticamos

junto con las cuatro hierbas que nos abrigaron
y que terminaron también encendidas 
en hogueras de plata

telemarchay dice no-cráneo no-extremidad no-cráneo
sólo mujer

sentada entre montañas
como una navaja afilada de un sólo lado
acariciando el rostro del trueno
añicando las cataratas

las mareas del regocijo y de la pena
no tienen dominio sobre esta carnicería

dame todo
la peste la duración de los cuadros
los despojos de oro y plata
dame los metales
dame lo que te falta

carva dice no-cabezas cupisniques
degollándose
(¿habías visto antes esa expresión en algún otro rostro?

es así
nunca lo sabrás)

dime nada

este interregno esta paz
no durarán
se degolló la cabeza con una navaja de asta de taruca
pensó en el manto bajo sus pies
rojo negro ocre rojo
pelícano serpientes moscas
subsuelos de huántar

la sangre
la flora exhausta

dame todo
es indispensable creer en nada
 fardos

y de paso
¿de qué lado estaban las paredes
zigzagueando de rosa en rosa

buscando supongo
algo adentro algo afuera?

pensé que aquí había una ausencia una pérdida
me equivoqué
al ver lo que uno ve cuando uno no quiere ver
el desierto lo basto la palabra

y así no ver la piedra sobre la piedra

dime nada
esa es la única condición para quedarme con todo

nunca creí que fuera cierto
que no podían caminar
que no podían agitarse
que no podían cambiar de posición

ni recostarse de lado ni boca abajo ni sobre sus espaldas

hasta que me pasó por la cabeza
que también me pasó a mí

la extraordinaria belleza del manto
me hizo vulnerable
a la vida de otros

con caries más radicales

irradiando desde el fondo de abismos ambulados
dientes de altura

cangrejos atados a cuerdas precarias cuelgan del cielo
anunciando un interludio inmuno deficiente
(estas son las mortales marionetas del color
gris sobre gris)

es adrede
pierdo el tiempo

toda esa gente que va caminando hacia el mar
¿a dónde va?
¿qué buscan dejar además de la vida?

el lugar es ahora
una torre de ciudades arruinadas
las tumbas abiertas desacradas
contienen los huesos de astrónomos sexuales
que creyeron ver órbitas exactas
alrededor de cuerpos
innecesarios

los traductores fueron sepultados de cabeza
retirados del resto

las teorías son
cárceles de máxima seguridad
(algo así dijo Quijano o quizás que las ideas
son cárceles de larga duración)
y Flores Galindo:
"las palabras siguen un itinerario paralelo a las muertes"

y por eso hay tantas palabras
en forma de garra en forma de muela
de vagina y de encía

y por esto este lenguaje
perfeccionado por nuestros terrores
espía de nuestras muertes
consejero de llagas
esboza este rictus final y funerario

quirihuac dice no-relámpago no-desierto no-morfema

sólo el ruido desde las terrazas marinas
acomodándose
como serpientes de escamas oscuras y arañadas
eyaculando un semen negro glacial
deslumbrante

el fin de lo que acaba por terminar
se agrega como un segmento más
un himno una delación
una bendición de arte

los venenos comenzaron siendo abstracciones
y se volvieron
relatos que tardaron en hacer efecto
mordiscos en el viento salado
fue el invierno otra vez
y nosotros en él

dije semen negro hace un momento y glacial
pensaba en una noche en chimbote
en la niebla saliendo del mar

en las tallas de piedra en los colmillos verticales
saliendo del mar
y
aún ahí
en las reconversiones de nuestras mejores noches
un diseño de fondo
se abre paso
entre las capas de aceite y alquitrán y trementina
a la sombra del río el roble es fuente

nazca dice no-mono no-calendario no-línea
sólo tabla rajada

frente al altar de piedra sumergido entre nieves perpetuas
se hacen las preguntas improbables
piden por el zorro para que interceda por el lago

abren sus almas al hauyco

he probado con las vendas
cubrirme los ojos taponarme
los oídos de algodón
enfundar mis manos en guantes rellenos
de miel de azahares clavar
mis dedos en los senos nasales hasta tocar la pituitaria
forrar de azul la lengua

tiempo es lo que compras con la visible ausencia
de los hoyos y los pozos y las simas

ese cuerpo es un aspa sobre los tejados un ganglio
tomado
una piel curtida por las hogueras de las cuevas
todavía

un dibujo en la pared me recuerda
que también desperté en esas parcas oscuridades
mi mano maduró temprano
con los perfiles de felinos desesperados
pero terminó entregada a la violencia

hay algo inherentemente tóxico en la cólera
(en esta cólera) tal vez

sea la forma en que se mueve tan parecida
a los tumbos rupestres
lo que la hace imposible de domar de pararse uno sobre ella
en sus lomos ensalados
la falta de tregua
el día la sed

en las noches allá afuera
raqchi dice no-broma no-edad no-cielo no-cascajo

con frecuencia
aprecio la calidad de este silencio
y de las piedras que se agruparon a su alrededor
para formar un templo

para formar una fortaleza
un cementerio un tambo un burdel
este silencio suave como el excremento
pero insolente como una rosa
arrojada

al otro lado del nevado estaba la noche
(aún ahora hay lugares a los que no voy)

las truchas tristes de la oroya
escarbadas de la nieve y el frío
aún ahora hay lugares a los que no voy

odio
emanó de estas procesiones
pero también hombres
mujeres respirando en la oscuridad
examinando o poniendo a prueba
una fe
tenaz como una mirada puesta en la montaña

un sol vacío se esconde en su propia sombra

perder
perder
perder para encontrar
lo que ha sido tomado de la boca del jaguar

callar por aquellos
que no pudieron hablar
perder la vida perder la muerte





-

viernes, 1 de noviembre de 2013

3 (JERÓNIMO PIMENTEL)

Mi cerebro es la fruta que comió el primer hombre.
La receta dice: "hay medicina en las hojas",
pero siento frío. Cae nieve negra y forma una capa de hielo
sobre la que bailan dos astronautas. No conozco el ritmo,
pero en el firmamento un buey mueve la cabeza
divertido por la música. Pasta, en verdad, y sus dientes
aprueban melodías. Come astros y defeca estrellas
a la manera de semillas que fertilizan la bóveda
dejándola apta para la contemplación.
Su respiro se vuelve inquietud en mi descanso campesino.
Parece un trato justo. Buscamos señales
pero no hay una sola. No hay metáforas tampoco,
solo un poco de fruta que mi Yo místico proyecta a través
de mi Yo ficticio (mi Yo material califica al ejercicio de ocioso,
mientras mi Yo agazapado bosteza y revela
así su oposición). Me gustaría proyectar otras cosas,
pero nadie puede escoger qué hacer
ni cómo hacer lo que no elige.
No es determinismo, solo un cauce religioso
saboteado por el espíritu de nuestro tiempo.
A nadie le gusta su tiempo. A nadie le gusta crear caminos
que expandan su fuerza mística. La mía está intacta:
muestra a un buey alegre los días de verano
en cuyas noches cae nieve negra (blancas escafandras
exigen otro nombre para su cómica plasticidad).
En los inviernos fríos el animal es un gusano, una larva
que se reproduce en el espacio hasta formar otra.
A ojos profanos es solo el amor de dos estrellas,
bosta que ama a la bosta, y el buey sonríe sacuendiendo la cola
para que otras semillas resplandezcan
y otros niños como yo imaginen lo que sea
que sus ojos son capaces de fijar.
Nada me impide rendirle adoración, como a cualquier
objeto venerado por nuestra época (¿qué época?).
Algunas tardes incluso me enamoro de ella. Pájaro dice
que mi epifanía es un error de programación. Debe ser.
Cuando le rezo oigo el rugir de un motor y se alza el telón
de un teatro: soy un Hell Angel atravesando Arizona.
Los manubrios, anchos como un toro, me rodean
y se cierran a mi espalda. Ya no es una motocicleta,
sino una cápsula que navega por una país sin árboles
donde sólo es posible distinguir piedras, claros y vaqueros.
La vida es un sueño de Moebius donde todos vamos camino a duelo.
Las cajas de dibujo se funden en diálogos sin letras.
El silencio responde al silencio.
Primero, escopeta; después, resplandores indios.
El buey sonríe.
Some day I'll come back.
Fin.




















jueves, 22 de noviembre de 2012

OTROS EN LAS GRANDES PRADERAS (RAFAEL ESPINOSA)







Estábamos hablando del arte del toreo
y de cómo los hombres aniquilan a las bestias
y cómo los hombres aniquilan a los hombres
incapaces de romper una circularidad
envueltos en un murmullo desigual
que nos cubría de estratos perdurables
lo demasiado abierto de un pasar
hasta que nos pareció que el repentino
ingreso de una vaca en la playa
supondría un arreglo
y después quedamos en silencio
y se nos antojó un modo más digno de ser
siempre que fuera para siempre




 
 

martes, 20 de noviembre de 2012

DÍA NACIONAL (RAFAEL ESPINOSA)


Solo conectarse por medio de un vello en el escroto
a una máquina de sueños para ganar todas las partidas
de bridge en un crucero resulta más idiota
que reconocerse peruano. Prefiero entretenerme
observando a las hormigas ejercer su identidad
local en sus palacios de troncos donde el tiempo es una rama
de bonsái e intuir que las ballenas pierden su ser
patrio apenas retoman su ruta ártica. A veces,
como soy miraflorino, me ocurre ver el mar del distrito e imaginarlo
inconmensurable, como si estuviera en ácido; pero
ni en marcha reversa lo llevo a bañar los glaciares andinos
ni lo cuelgo en los enormes árboles de la selva,
hiriéndolos con una angustia horizontal. La
más redonda de sus gotas no aglomera
todas las nevadas de altura, menos contiene los augurios
de la red de chirridos amazónicos. Sería
confundir la parte con el todo. Y ciertamente
el Perú es un todo, con muchedumbre de pisos
ecológicos que soportan el dolor de un número
todavía mayor de brazos y piernas. Rember es uno,
yo otro, el heladero que convoca a los niños todavía
otro más y a los tres un viento segregacionista nos podría insultar:
"sal del césped", "blancón", "cusqueño que turba la siesta
de Lima con su bocina para vender helados". Decirnos
que solo muertos, en fichas, somos los tres el todo peruano.













domingo, 14 de octubre de 2012

POSFACIO A "COMO HIGUERA EN UN CAMPO DE GOLF", DE ANTONIO CISNEROS - Por William Rowe



          Como higuera en un campo de golf es tal vez el libro más exigente de Antonio Cisneros. Varias veces se acerca este poemario a la noción de que la poesía no es otra cosa que la repetición de lo ya dicho, del “lugar común”, —actitud que coincidiría con el neoclasicismo de fondo de buena parte de la poesía latinoamericana entre, digamos, 1970 y 1990, si no fuera porque aquí la apuesta es llevada al punto más extremo. Si, en cuanto a la forma de expresión de un poema, un canto de Armando Manzanero puede suministrar la forma absoluta, inmejorable, de una emoción, a pesar del “amor viejo por el viejo arnold schoenberg”, entonces renovar la forma y el lenguaje poéticos será un imposible. Cisneros no rehúye esa condición, no pone su fe en la recurrencia a dispositivos nuevos, como luego iba a ser, en los años 70, el recurso del “habla popular” como manera de ponerse al día. Su apuesta es más difícil: que la poesía consista en la verdad de la emoción y si esto suena a “algún Romanticismo”, nos dice el libro, que así sea.

          Esa verdad pasa, sobre todo, por el hecho de haberse vivido: no tiene otro modo de comprobarse, y así el riesgo asumido tiene que ver con la posibilidad de que la vida no tenga nada de trascendente. Los lectores que ya conocen la obra de Cisneros se darán cuenta de que los libros posteriores, comenzando por El libro de Dios y de los húngaros, reemplazan esa ausencia por cierta fe cristiana, lo cual en realidad no quiere decir que no expresen la misma angustia. Salirse de sí, llegar a un más allá de la situación, sea su signo Lenin o las golondrinas de Bécquer o la Asunción de la Virgen, o esperar que las marcas en el mapa —ya sean éstas marcas del colonialismo o de mezquindades más caseras, como las de las moscas en la pared— sean removidas y “todo quede limpio y azul”: esas esperanzas han sido vaciadas ya y con ellas eso que otorga al lenguaje la dimensión de la futuridad. No se trata de una pose, de una melancolía postiza, sino de algo así como un estrecho por el que tienen que pasar las palabras.

          El desfiladero por el que deben pasar los poemas es el punto de la ausencia: ausencia de las personas queridas, de los lugares visitados, de los paisajes peruanos, pero también —y esto es lo más importante— ausencia de la propia persona de la vida que ha vivido. Lo que quiebra el molde, es decir, lo que elude el riesgo de un sentimentalismo burdo, es ese ya no estar: “ya no hay lenin ni martí que puedan devolverme la casa de ayacucho (no esa casa)”. ¡Tanto depende de esa palabra “esa”! Es el punto de la ausencia en que todo lo vivido se reúne.
 
          Se necesita un pulso fuerte para mantener abierto ese abismo y no llenarlo con nostalgia o piedad. Los lectores decidirán. Lo cierto es que Cisneros se presenta sin piedad (‘pienso en todo el mundo, nunca en mí / ¿Ante quién te disculpas, pelotudo?’) La fuerza de su ironía no depende de la finura de matices (a veces es gruesa) pero sí de la decisión de no mentir, lo cual, por supuesto, requiere la capacidad de mentir. El poema de título estupendo, “Sale Filis y entra Cintia, y sale Cintia también’” termina vaciando su propio tono y retórica (“este tono romano ya no tiene ni chiste ni final”). El ropaje (neo)clásico de repente cae del todo y se abre el vacío.

          Si el vacío define la condición de la libertad (pensemos en Shelley frente a los grandes espacios de los Alpes), el vacío de estos poemas es más bien un no hay ya dónde estar: “a mí me duelen los huevos la memoria las últimas costillas voladoras.” Y a la vez la casa, y todo lo que la hace habitable —el amor entre otras cosas— es de gran importancia en este libro. Y el tiempo desgasta, no permite la repetición (“Londres vuelto a visitar”). Los lugares comunes no salvan de la angustia (“El rey Lear”) porque “con la muerte / se acaban las imágenes”. Lo cual no impide que haya muchas imágenes, imágenes que nos acercan a la cualidad física de la existencia, al cuerpo, a los animales, las moscas, los cangrejos: seres y cosas que están allí, que ocupan el espacio, que reciben el tiempo vivido. No es que no haya coartadas, las hay muchas en este libro: la imitación de formas clásicas, el léxico a veces arcaizante, cierto tremendismo, la autoironización complaciente; lo que pasa, al final, es que al igual que la arquitectura “no nos salvan”.



                                                                                William Rowe, junio de 2012






jueves, 11 de octubre de 2012

de "CANCIÓN PARA LOS MALOS TIEMPOS (UNA EXCURSIÓN POR TRAGABIGZANDA)"

1


Hacia la península viajamos durante toda esa primera noche
- nuestra única certeza en medio de las oscuras aguas
fue la música tribal expresada por la autoradio de una patrulla
de policía estacionada en la playa; hacia la península viajamos-,
viajamos toda esa primera noche y buena parte de la mañana siguiente.
Desde la proa era posible observar el aro rojo compuesto
por siete estrellas suspendidas sobre el puerto. No pude descifrar
esa inicial premonición, y aún haciéndolo de poco
nos habría servido. Pues para vencer a algo ese algo debe ser algo:
el río Annisquam discurriendo silencioso -una mancha de tinta
avanzando por el ceramio pardo-, las casas de los pescadores,
alineadas como bueyes, los árboles altos como árboles.
No muy lejos de la playa la relación entre el tiempo y la memoria
se derrumba sobre la arena con los tendones cubiertos de sangre.
Su nombre está relacionado a la vez con la vegetación primaveral.
Antes de caer herida era una mujer tan persistente
como la ceniza en el fondo de un vaso mojado. Imposible para ella
seguir ahora al policía jóven y calvo que deserta y desanda
la autopista, evitando a quien le pregunte por su adolescencia
o sus lágrimas, abandonando la patrulla frente a la costa con el radio
sintonizando a todo volumen la Hora Radial de la Colonia Gabonesa,
cuyas festivas canciones guiaron nuestra embarcación
a través de la noche, cerrada y en tensa vigilia.
Una gran cama donde duermen por lo menos siete hombres.











 

lunes, 21 de marzo de 2011

LAS SALINAS (ANTONIO CISNEROS)













Yo nunca vi la nieve y sin embargo he vivido entre la nieve toda mi juventud.
En las Salinas, adonde el mar no terminaba nunca y las olas eran dunas de sal.
En las Salinas, adonde el mar no moja pero pinta.
Nieve de mi juventud prometedora como un árbol de mango.
Veinte varas de sal para cada familia de cristianos. Y aún más.
Sal  que los arrieros nos cambiaban por el agua de lluvia. Y aún más.
Ni sólidos ni líquidos los blanquísimos bordes de ese mar.
Bajo el sol de febrero destellaban más que el flanco de plata del lenguado.
(Y quemaban las niñas de los ojos.)
A veces las mareas -hora del sol, hora de la luna- se alzaban como lomos de caballo.
Más siempre se volvían.
Hasta que un mal verano y un invierno las aguas afincaron para tiempos
y ni rezos ni llantos pudieron apartarlas de los campos de sal. Y el mar levantó techo.

Ahora que ya enterré a mi padre y a mi hermano mayor y mis hijos están prontos a enterrarme,
han vuelto las salinas altas y deslumbrantes bajo el sol.
Hay también unas grúas y unas torres que separan los ácidos del cloro.
(Ya nada es del común.)
Y yo salgo muy poco pero Luis -el hijo de Julián- me cuenta que los perros no dejan acercarse.
Si parece mentira.
Mala leche tuvieron los hijos de los hijos de la sal.
Puta madre.
Qué de perros habrá para cuidar los blanquísimos campos donde el mar no termina y la tierra tampoco.
Qué de perros, Señor, qué oscuridad.



domingo, 20 de marzo de 2011

MI HERMANO (ANTONIO CISNEROS)













En verdad, mi padre no lo tenía de su reino: ni en pelea de perros lo quería.
No recuerdo por qué pero decía que era blando y picante como el alma de la malagua.

Y cuando las semanas de pesca y todos los muchachos entraban a la cala
mi hermano maldecía (el sol era un ojito de cazón).
Borracho, sin mujer ni compañero tendido en su caballo más reseco que un palo.
Tiempo ya que ignoraba de las aguas y el brillo de los peces.
Sólo el mal brillo de una botella rota entre la arena.
Pobre, mi hermano, hecho una uva andaba y sin memoria.
Todo en su corazón era pereza. Ni era oficio la tierra ni era el mar.
Como lagarto comía en nido ajeno.
Fruto malo de la Hermandad del Niño, muerto insepulto que ninguno lloraba.
Hasta que nos maldijo y se largó.
Después contó Juan Celis que hacía contrabando caletero y robaba gallinas.
Trabajaba por su cuenta.
Sabrá Dios si era cierto pero una mala tarde Punta Negra se llenó de patillos y vimos un lanchón
y una botella verde de Pomalca y un alma en pena sin cuerpo que velar.
Mi padre tomó su lamparín y se sentó en las rocas y esperó.

Todos los muertos en el mar de San Bartolo, de Cangrejal, de Santa Rosa, de Santa María se vienen con las aguas.
Todos los muertos que pasan la rompiente y los altos cantiles de la  Playa al Revés.
Negros-morados como uva de Borgoña y limpios por la sal.
Aquí todas las aguas tocan fondo. Punta Negra:
Remolino final de los pescados y los hombres que fueron.
Y es costumbre y así es. Aunque no es la ley ni en boca de los hombres
                                                                                                                     ni en la boca bendita del Señor.



sábado, 19 de marzo de 2011

UN SONETO DONDE DIGO QUE MI HIJO ESTÁ MUY LEJOS HACE YA MÁS DE UN AÑO (ANTONIO CISNEROS)











-¿Ustedes tienen niños?
- Uno. Pero está en el Perú.

"Oh tu líquida y redonda habitación: la cómoda, la bien dispuesta, la armoniosa.
Y de pronto en el aire de las cuatro estaciones y los dioses: que los dioses te sean propicios".
Cuando escribí esas cosas aún estabas entre la gran vitrina donde fuiste exhibido cinco días
en competencia con los recién nacidos: "y mira esos ojazos" (tía Norma), "el más lindo de todos" (tía Inés),
y tú las ignorabas como el techo de un auto acribillado por los escarabajos voladores que mueren en el aire,
monarca de tus necesidades y el chillido de los que tienen hambre, se mojan y se embarran para honrar el planeta.
Después te llevamos al reino clase-media-acomodada de tu abuelo
-yo volví de Ayacucho sin trabajo (el haragán) hasta que otra vez fui profesor, pero en San Marcos
pagan poco y hubimos de seguir entre los cuadros de Primera Comunión y el vino controlado-
y el amor de la familia giraba y te giraba como las moscas borrachas en medio del verano.
Y cómo te arrastrabas en las cuatro estaciones -"gatea muy bien para su edad"- y merodeabas la edad de la memoria
cuando el gran haragán y su mujer se metieron a un barco -cincuenta mil toneladas de hierro- que partía esa noche, y después escribió (el haragán):
"el viento soplaba y resoplaba para ti, nuestro recién nacido, cáscara de plátano donde pastan las moscas".

Cáncer y Capricornio fueron viejos una y otra vez y las banderas se hundieron en la arcilla como todo / los mejores caballos con la barriga abierta
-y esta lluvia que oxidó a los romanos en las tierras del Norte
me encierra entre mi caja de Corn Flakes
a escribir por las puras
sin corona de yerbas ni pata de conejo que me salven-.
Al dulce lamentar de dos pastores: Nemeroso, el Huevón, Salicio, el Pelotudo.




viernes, 18 de marzo de 2011

FATIGA DEL HARAGÁN EN LA PLAYA (ARITMÉTICA) - (ANTONIO CISNEROS)












Para Roberto Mac Lean

Oh amigos, oh Diego, oh mujer,
                                                       miren como me canso:
en el kilómetro 186 los dedos de mis pies sobre las piedras,
y esas aguas
                       cortándome en el techo y abajo y en el sur,
qué vagancia, qué alegres los espigones de mis pies,
                                                                               y el sol arriba.
Mientras, tu corazón bombea sangre a las tierras conocidas
y a las no conocidas
                                    y aun donde no tenemos embajada.
Y es una mosca que te silba entre las costillas:
al principio la ignoras,
pero con los días tienes que considerarla en el horario:
para tu oficio 6
                          y 2 para la mosca,
ese silbido más largo y aburrido que la Araucana,
para tu oficio 2
                          y 6 para la mosca,
y no vas a ganar sobretiempo ni el prestigio
de un reloj suizo, haragán:
                                            8 para la mosca.
                                                                         Y este corazón
como una batisfera bajo el peso de todos los océanos 
conocidos
y los no conocidos,
                                y el sol arriba.


jueves, 17 de marzo de 2011

LA ARAÑA CUELGA DEMASIADO LEJOS DE LA TIERRA (ANTONIO CISNEROS)










La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros
sobre los gordos pastos
antes de que me entierren, 
                                               y ésa será mi habilidad.





miércoles, 16 de marzo de 2011

SOY EL FAVORITO DE MIS CUATRO ABUELOS (ANTONIO CISNEROS)

 












Si estiro mi dedo mi metro ochentaitantos en algún hormiguero
y dejo que los animalitos construyan una ciudad sobre mi barriga
puedo permanecer varias horas en ese estado y corretear
por el centro de los túneles y ser un buen animalito,
lo mismo ocurre si me entierro en la pepa de algún melocotón
habitado por rápidas lombrices. Pero he de sentarme a la mesa
y comer cuando el sol esté encima de todo: hablarán conmigo
mis cuatro abuelos y sus cuarenta y cinco descendientes y mi mujer, y yo debo
olvidar que soy un buen animalito antes y después de las comidas
y siempre.



martes, 15 de marzo de 2011

POEMA SOBRE JONÁS Y LOS DESALIENADOS (ANTONIO CISNEROS)

Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso-.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos.



viernes, 31 de diciembre de 2010

XXI (CÉSAR VALLEJO)

.

En un auto arteriado de círculos viciosos
torna diciembre qué cambiado,
con su oro en desgracia. Quién le viera:
diciembre con sus 31 pieles rotas,
...........................................................el pobre diablo.

......Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,
bocas ensortijadas de mal engreimiento,
todas arrastrando recelos infinitos.
Cómo no voy a recordarle
al magro señor Doce.

......Yo le recuerdo. Y hoy diciembre torna,
qué cambiado, el aliento a infortunio,
helado, moqueando humillación.

......Y a la ternurosa avestruz
como que la ha querido, como que la ha adorado
Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.




 



sábado, 6 de noviembre de 2010

NO PARA LAS FUTURAS GENERACIONES... (RAFAEL ESPINOSA)


(escrito con una sordera parcial por catarro + depresión revolvente)


No para las futuras generaciones
sino alrededor de mi cuerpo
he construido, sin ser vidriero,
un cubículo transparente.
Mis cadenas asociativas,
que las tengo, dibujan
adentro una deidad de dolor.
Lento blablablá inaudible
de desolación que me hace
compañía y después llama
a la manada de humanos.
Pueden venir los reporteros,
pueden venir los artistas visuales,
sus egos en bolsas plásticas,
con la doble ganga de que una imagen
de devastación sea a un tiempo
una escultura efímera.
Yo estoy adentro, vuelto un plano,
es decir afuera de lo que yo mismo
pueda representarme, como
si montara una bicicleta
sin piernas. Tengo una estrofa,
tengo un peine; lo que no veo,
pegado al vidrio, es un peinado
que además sea un hombre,
posea una canción.




viernes, 5 de noviembre de 2010

UNA CHICA QUE LEE POESÍA NO LE LANZA ARENA... (RAFAEL ESPINOSA)


Una chica que lee poesía no le lanza arena
a un pelícano estático,
inmóvil como el aburrimiento
de ella.
No debe hacerlo siquiera porque él se está muriendo, o caridad
hacia sus ojos impasibles que han aceptado como finalidad del cuerpo
el sacrificio.
...............Debe haber una clara separación entre aburrimiento
.............................................y muerte
y ni aun arena fina e ingrávida atreverse a infringirla.
La muerte del pelícano
es sufrimiento, mejor incluso una fatiga en que la estructura de las alas
cede a lo informe de la arena o la brisa hedionda.
Es lento: aun así es flujo
............y por definición no queda en él mismo.
El aburrimiento de la chica es materia
de las técnicas con que está construida
su casa de playa.
.................Hay una clara separación entre propiedad privada y áreas públicas
e incluso el mar, sin ser avaro,
la respeta.
Nadie arroja arena a los postigos azules de la ventana.
La muerte del pelícano
es indicio de un enlace entre lo privado y lo público,
la lágrima y el mar y el océano social.
El aburrimiento de la chica
es anti-reflejante como los muros de contención de su casa.
El concreto contiene arena.
Y ella tira arena.





martes, 2 de noviembre de 2010

CÓMO SUEÑAS, CÓMO PIENSAS... (RAFAEL ESPINOSA)


Cómo sueñas, cómo piensas.

Una redistribución de las piezas,
unos bordes sobreexpuestos
a la caricia insensible del guante.

El lado más débil siempre
es el más importante, de ahí
surge la canoa del maya
expandiendo con la estela
un afluente mudo. Y recién te
enteras: Paula llamó de larga
distancia, en una breve
escala. Dijo que su amor no viaja.

Un acontecimiento decisivo
que barrió vacas y flores, y viste
solo formas de labio comentándolo.

Como un juego de billas
en que las bandas y los roces
deben asegurar que nada,
menos uno, quede afuera.

Como el juego de pelota
maya y sus estrategias
y su acto práctico referidos
a paredes siempre ruinas.

Una estrella simbólica.

Y no está en juego nada, sabes?



PUTOS CABRONES, PEORES QUE POLÍTICOS Y ANALISTAS... (RAFAEL ESPINOSA)


Putos cabrones, peores que políticos y analistas

políticos, no notan que el pederasta lleva fervor

y el lavacarros estructura social a su encuentro

de cada semana. Uno es por soledad aglutinada

en los testículos, el otro debido a encantamiento

con la voz patronal, mientras el dinero si sombrea

de poder los cuerpos, solo es como término derivado.

Lo explícito, como siempre, usurpa la fuerza

de lo implicado, pero si propulsado por la energía

nuclear del orden de clases, un petardo de semen

les diera en la cara, de nuevo errarían el juicio:

creerían los putos cabrones que es caca de pájaros,

como una metáfora teledirigida de los gobernantes

de la que se pueden inferir baja de impuestos

y feriados largos. ¡Y se reirían! bajo el sol de estío,

las caras blanqueadas, payasos de la inmortalidad.

No pueden ver en el astro sino cambio de horario.

No pueden concebir que el movimiento existe,

ni que no ocurre entre dos puntos sino que los hace,

como un tarareo que luego es mano que escribe,

acontecer. Sí, son harto veloces, toman ascensores

de motor lineal del piso de abajo al piso de arriba

y con suerte las compuertas los dejan en otro año

aunque en el mismo día. Eso es lo que Dios concede:

la vuelta sin haber salido de casa. Circularidad.

Menstruación. El sol y la luna. Y en torno

del Centro (de Convenciones / Cultural y de Artes)

el cumplimiento de las profecías de los padres

y la más amplia variedad de tatuajes para embellecer

con cristos sangrantes y dragones la eternidad.

Entre tanto, no perciben la eternidad de cada micra

de agua al embeber cada micra de piel: no saben

ir con su cuerpo a la playa; no saben sumergirse

en el cauce: no saben nadar en el cauce del cuerpo.

Los putos cabrones terminan cachando con un pene

de terno, y aceptado que somos mucho menos

que lo que pudimos ser pero somos asimismo

mucho más que lo que otros soñaron tener, ahora

es necesario que sean sin complejos libres.

Una seguridad en los propósitos, una coquetería

para aceptar como plausibles los fines contrarios,

y emociones controladas y estar junto al mar,

sometiéndolas al diseño limpio y meditado

de una copa de martini. Arriba están las estrellas

como espectáculo y ellas mismas como testigos

de orden, composición y acabado en los affaires

terrenos. Después de todo, aun cuando pudieron

quedar mejor, no se hicieron las cosas mal. “Lo

perfecto es enemigo de lo bueno” dicen los maestros.

El cielo es perfecto, pertenece a nuestro balneario.


O después de pedir subvenciones, los putos cabrones

que escriben versos: “mis manos son ruiseñores

que te desnudan en tu bosque”; “nuestras lenguas

serpientes que ferozmente se devoran... ... ¡¡y calla

mierda!! ... ... El ofidio, entre el matorral, posee

menos mentiras y mucha más nobleza: mira

a la rata cuando mata como los putos cabrones

le ponen el culo en vez del corazón a las palabras:

no saben ir con su cuerpo a las palabras, no saben

que el cuerpo es aire, y una ventisca brusca,

conocimiento: cristales y oscurecimiento. Peores

que políticos, creen que el movimiento restaura,

que la Corriente de Humboldt trae siempre

el mismo navío romántico, en cuya dignidad

no consiguen ser navegantes, en su estela de oro

coser una glándula de deseo: la fe de un hombre.

Un hombre, si lo es, es una araña que elabora

con su baba constelaciones lisérgicas al servicio

de la lluvia que las orla, del viento que las arruina.

Camina y oye, camina y ve, camina y toca

y después echado en su cama no recuerda nada

a no ser el bip de un disperso goce. Así ama.

¿Qué sería entonces la libertad, si no paseo,

fuera objeto? Algo que dejó de ser un cuerpo

persigue un vacío que asimismo se rehúsa

a serlo, eso somos y por esa causa contamos

los kilómetros recorridos mientras destruimos

con cada nueva estación de servicio el pasado.

¡Y los putos cabrones, más viles que entrevistadores

políticos, pretenden hacernos entrar diciendo

que nos llevan a pasear. Al jardín de la democracia

donde confunden cheflera con palo de brasil

y llaman a tal hecho reglas de convivencia.

Les tienen sin cuidado las plantas, no sospechan

que sean las ideas las torsiones imperceptibles

sonsacadas de su voluptuoso fototropismo.

Solo les basta tener jardineras e informarse

sobre control de plagas, protocolos para mantener

las cosas aparte. No han respirado las hojas;

no saben que mente es fragancia y neurotransmisores

que van del temblor a la memoria, sin calmar uno,

perdiendo a la otra siempre. No hallan ahí drama

y anhelo, tampoco de otra manera. En realidad

la que decide es la marcha en piloto automático,

y alejarse del tiempo lo más establemente posible

para copiar el verano anterior. Otros, en paralelo,

buscan que los supermercados costeen sus libros

con epígrafes de César Calvo. No saben

rezar: dicen sermones y palabras falsas, jugadas

tramposas en la bolsa de valores, los putos cabrones.